Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘4. Lunes’ Category

Lunes

LUNES 19

“Buenas noches Insomne! Perdona que aparezca un poquito tarde pero es que me quedé absorta en un libro que tengo que leer para clase y perdí la noción del tiempo.”

“Para clase? Pero cuántos años tienes Ardid?”

Se me heló la sangre. Es posible que no hubiera pensado en ello hasta ahora? Cómo podía haber sido tan estúpido de cometer semejante error!

“Y qué importa eso, Insomne! Además, no te han dicho nunca que es de muy mala educación preguntarle eso a una señorita?”

“Déjate de tonterías Ardid. Esto es serio. Es que no sabes que puedo meterme en un lío muy grave si eres menor de edad?”

Estaba enfadado. Enfadado con ella por su inconsciencia; por creer que existía la posibilidad de que, la que yo había tomado por una mujer singular, no fuera más que una necia chiquilla que no se había parado a pensar que podía estar convirtiéndome en un corruptor de menores. Enfadado con ella por tomarse a broma el terrible miedo que había paralizado mi corazón.

Estaba furioso conmigo mismo por no haber siquiera sospechado que cabía la posibilidad de que ella fuera una menor jugando a ser adulta; por haberme dejado engañar como a un tonto por lo que deseaba creer real. Me dolía profundamente la posibilidad de sentirme traicionado por una persona que se había convertido ya, en tan breve espacio de tiempo, en parte fundamental de mi propio ser.

“Tranquilo Insomne, o te va a dar algo! Pero bueno, es que me tomas por una niña tonta que no sabe nada de legalidades? Antes de que te dé un ataque, te diré que tengo 24 años y sí, aún soy una estudiante, pero estoy en mi último año de filología; así que no creo que tengas ningún problema con la policía… al menos en lo que a mí respecta!”

Suspiré aliviado y descargué toda la tensión que había acumulado en una risa provocada por su último comentario. Mi alma volvía a volar ligera, aunque me sintiera avergonzado por haber dudado de la integridad de mi ángel guardián.

“Y tú, cuántos años tienes?” A ver si lo que en realidad ocurre es que soy víctima de un viejo verde!”

Volví a reír; adoraba a aquella chica que parecía incapaz de molestarse conmigo. Sabía que no creía realmente lo que había dicho, así que le seguí el juego un poquito más.

“Ya te lo dije, pero no quisiste creerme. Qué crees que significa el 88 de mi pseudónimo?

“Es broma. Tengo 30 años, pero tal vez eso sea para ti una barrera infranqueable y sigas considerándome un viejo verde.”

“Por supuesto! A esa edad ya deberías estar ayudándote de un bastón para caminar pero… tienes suerte de que me gusten los viejos verdes como tú!”

Yo le gustaba; la noche anterior había dicho estar enamorada de mí… Un sentimiento de traición volvió a provocarme una punzada en el corazón, pero esta vez era yo quien no estaba siendo del todo franco con ella.

Suspiré profundamente, reuniendo todo el valor del que era capaz, y posé mis dedos sobre las teclas encomendándome a la fortuna, decidido a evitarnos un dolor que, a la larga, sería peor que ahora.

“Cielo, sé que te gusta el misterio del que nos hemos envuelto pero, ya que estamos aclarando unos puntos que considero importantes, hay algo que debo confesarte…”

“Vaya, qué serio te has puesto de repente Insomne!”

“Por favor Ardid, escúchame sin interrupciones antes de que pierda todo el coraje que he sido capaz de reunir. No sé cómo decirte esto, y me aterra lo que luego puedas pensar de mí. No quiero perderte pese a acabar de conocernos, y sé que tal vez no haya actuado de la mejor manera, pero es que apareciste sin más, de repente, arrastrándome hacia el interior de un torbellino de emociones que no me ha dejado pensar con claridad hasta ahora… Y debo pedirte perdón porque, aunque todas mis palabras han sido sinceras, yo no he sido del todo honesto contigo…”

“Insomne, dilo ya.”

“Estoy casado.”

Dejé pasar unos segundos que se me antojaron eternos, conteniendo la respiración mientras mi vista seguía mirando fijamente la pantalla, esperando cualquier reacción por su parte.

“Ardid… por favor, dime algo.”

Nada…

“Siento de veras no habértelo dicho antes de que pudieras crearte falsas expectativas. No tengo disculpa, lo sé, pero necesito que me creas cuando digo que en ningún momento fue mi intención hacerte daño; jamás has sido un juego o un pasatiempo para mí. Desde que apareciste aquella noche perdí cualquier control sobre mis actos y mi voluntad; este lazo que nos une es más fuerte que mi razón, y has de saber que jamás en mi vida me había ocurrido esto antes. No soy el típico casado, aburrido de su matrimonio, que busca divertirse fuera de casa… Esa noche tan sólo buscaba algo con lo que conciliar el sueño… y en su lugar te encontré a ti…”

Qué emociones se ocultaban tras su silencio?

“Ardid… Por favor… Lo siento…”

“Me quieres?”

“Por favor, no me preguntes eso…”

“Me quieres Insomne?”

“Ardid… Sabes que no puedo contestar a eso.”

“No es tan difícil, maldita sea! Sólo te estoy pidiendo un sí o un no! Dices que soy especial, que conmigo puedes ser tú mismo, que no puedes mentirme… Pues deja de mentirte a ti mismo y contesta si me quieres o no!”

A quién pretendo engañar? Acaso no es amor el necesitar la proximidad de una persona, el que cualquier detalle tonto te haga evocar su recuerdo con una sonrisa; el sentir cómo el temor atenaza tus entrañas con tan sólo imaginar la posibilidad de perderla?

“Sí, Ardid. Te quiero.”

No tengo dudas acerca de los sentimientos que albergo hacia ella, pero el solo hecho de decirlo hace que me remuerda la conciencia, que me sienta como un vil traidor que no merece el perdón de nadie.

“Pero no puedo permitirme expresarlo, no debo consentir que esto que ha nacido en mi interior siga creciendo hasta devorarme por completo. Ardid, no tengo nada que ofrecerte y tampoco puedo hacerle esto a mi mujer. No sería justo… para ninguno de nosotros.”

“Ahí te equivocas Insomne: puedes ofrecerme tu amistad. Puedes seguir ofreciéndome esa sinceridad de la que acabas de hacer alarde. Aunque ahora mismo no te sientas así, eres un hombre íntegro, y eso Insomne, es tan difícil de encontrar hoy en día… No voy a negarte que duele, pero agradezco que me quieras lo suficiente como para haberme dicho la verdad antes de que fuera demasiado tarde… Quién dice que no lo es ya? Pero no importa. No volveré a pedirte jamás que me digas que me quieres, con saberlo tendré suficiente.”

“Ardid… No sé qué decir… No te merezco.”

“Y quién merece a quién? Pero mejor me voy a dormir. Me pesa demasiado el alma y ya no puedo pensar con claridad… demasiadas revelaciones en una misma noche.”

“Entonces buenas noches, mi ángel. Procura descansar.”

“Buenas noches.”

Anuncios

Read Full Post »

M. H. Heels

Persiguiendo maldiciones

Taller de escritura

Donde los sueños toman forma

A %d blogueros les gusta esto: