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Archive for 15 marzo 2013

 

Este pequeAna Karenina Albaño rincón aprovecha hoy las circunstancias para acompañarse de una de las mujeres más fascinantes de la literatura universal y, por qué no admitirlo, uno de mis grandes amores desde que la conocí a los veinte años.
Una vez más, Ana Karenina (Anna Karénina si somos rigurosos en su traducción del ruso) cobrará vida en la gran pantalla; y eso me brinda a mí la oportunidad de traerla a mi rincón del escritor sin tener la sensación de estar convirtiéndolo en el “Rincón ruso para el lector”.

Para los que no la conozcan, Ana Karenina es obra de Lev N. Tolstói. Editada por primera vez en 1877 y considerada una de las obras cumbres del realismo. En ella se narra la desenfrenada historia de amor entre Ana Karenina, mujer casada de la aristocracia rusa, con el joven Conde Vronsnki, oficial del ejército ruso.

Hasta ahí podría parecernos una sencilla historia de amor, como tantas otras en la historia de la literatura. Pero Ana Karenina va más allá del sentimiento romántico entre un hombre y una mujer; planteando en las circunstancias de su personaje principal temas tan complejos como lo son la ética o la moralidad; la individualidad del ser frente a la inevitable necesidad de interactuación social; el amor pasional, conyugal y el maternal; llegando a rozar el límite que separa la cordura de la locura.

No es mi intención hacer un análisis exhaustivo de esta novela ni de su autor; pero hablar de Ana Karenina es desbordar pasión; es dejarse llevar por la heroína que creó Tolstoi en una demostración de un extenso conocimiento psicológico del género femenino; llevándome a defender firmemente que toda mujer, sin excepción, lleva en su interior una Ana Karenina. Pero si Ana es la exteriorización de las pasiones, el personaje de Levin crea el contrapunto perfecto de introspección frente a esa exuberancia.

Pieza fundamental de la obra; Levin es la encarnación de esa alma rusa, mencionada ya en otras ocasiones. El personaje que nos invita a la reflexión y nos lleva a descubrir los ideales del propio Tolstoi, pues no son pocos los paralelismos que pueden encontrarse entre él y la vida misma del autor; hasta tal punto que en ocasiones, no podemos evitar preguntarnos quién es el verdadero protagonista de esta obra.

Podría extenderme hasta la saciedad analizando cada detalle de la novela de Tolstoi, o tratando de hacer una exhaustiva disertación sobre cada significado e intención del autor; pero ya sabéis que El Rincón del Lector no es más que un pequeño espacio subjetivo en el que compartir con quien quiera, aquellos libros que han dejado una especial huella en mi alma. Es por eso que esta vez quiero recomendar a todos aquellos que hayan leído Ana Karenina o que se animen a hacerlo, que visiten:

http://xavisuescun.blogspot.com.es/2010/07/116-tolstoi-anna-karenina-diario-de-una.html

En internet hay infinidad de sinopsis y reseñas acerca de la obra, pero pocas tan acertadas, completas y conmovedoras como la que he descubierto en este blog.

Como ya es costumbre, terminaré con la sinopsis de la contraportada de la edición que tengo entre manos. Ya que mi entrañable y ajada edición no revela nada en el dorso; he escogido la edición de Alba, siempre una buena elección en cuanto a literatura rusa se refiere.

«La sola mención del nombre de Anna Karénina sugiere inmediatamente dos grandes temas de la novela decimonónica: pasión y adulterio. Pero, si bien es cierto que la novela, como decía Nabokov, “es una de las más grandes historias de amor de la literatura universal”, baste recordar su celebérrimo comienzo para comprender que va mucho más allá: “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo”.
Anna Karenina, que Tolstói empezó a escribir en 1873 (pensando titularla Dos familias) y no vería publicada en forma de libro hasta 1878, es una exhaustiva disquisición sobre la institución familiar y, quizá ante todo, como dice Víctor Gallego (autor de esta nueva traducción), “una fábula sobre la búsqueda de la felicidad”. La idea de que la felicidad no consiste en la satisfacción de los deseos preside la detallada descripción de una galería espléndida de personajes que conocen la incertidumbre y la decepción, el vértigo y el tedio, los mayores placeres y las más tristes miserias. “¡Qué artista y qué psicólogo!”, exclamó Flaubert al leerla. “No vacilo en afirmar que es la mayor novela social de todos los tiempos”, dijo Thomas Mann. Dostoievski, contemporáneo de Tolstói, la calificó de “obra de arte perfecta”.»

DATOS TÉCNICOS:
TÍTULO: Anna Karenina
AUTOR: Lev N. Tolstói
EDITORIAL: Editorial Alba
AÑO: 2010

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Escena nº 7 (Marzo): La historia ha de tener lugar en un barco, del tipo que sea. Puede tratarse de un barco pirata, de pesca, de guerra, de pasajeros, de vela, un bote salvavidas… Lo que queráis. Basta con que esté en el agua, flote y tenga algún pasajero y/o tripulante (o no… que también se han dado casos de barcos fantasma).

Además, existe otro requisito, y es que tiene en la historia tiene que suceder (o haber sucedido) un robo. ¿Qué es lo que han robado y quién? ¿Por qué? ¿Los personajes saben que el robo ha tenido lugar o lo desconocen? Eso ya se lo dejo a vuestra imaginación.         http://www.literautas.com

EN BUSCA DE UNA SIRENA

Posó delicadamente su recién estrenado barquito sobre las calmas y cristalinas aguas que se abrían frente a él. A lo lejos podía contemplar la sinuosa espalda de una bella sirena de cabellos dorados y piel canela; y no necesitó recurrir a la imaginación para saber que unos ojos verdes cual esmeralda recibirían con sorpresa la llegada de tan extravagante viajero.

Esa sirena que se divertía a lo lejos, jugando despreocupadamente con el agua y ajena a todo lo que ocurría a su alrededor, era el objeto y destino del humilde barquito. La culpable de que un valiente viajero hubiera fijado su rumbo con la firme intención de recuperar lo que, en esencia le pertenecía. Porque por muy sirena que fuera ante sus ojos, no tenía derecho a robarle el corazón sin entregarle nada a cambio.

Era paradójico el sosiego que sentía ahora mientras contemplaba el casco reposando tranquilamente sobre el agua, si lo comparaba con el estado de ansiedad y nerviosismo que había experimentado durante las últimas semanas… ¡Pensar que había dedicado horas y horas a buscar la perfección estudiada, milímetro a milímetro, sin que ningún elaborado plan hubiera acudido a su mente! Pero hacía dos noches que por fin había logrado, sin proponérselo, que la calma regresase a su vida; fue cuando decidió relajarse saliendo a pasar un rato al porche de casa, sentándose en compañía de un puñado de frutos secos y la voz cantarina de su sirena de largas piernas, que le hablaba desde algún rincón del interior de la casa.

Fue en el instante en que ella exclamó de forma risueña “parece que pronto quedará inaugurada la temporada de baños”, mientras él desmenuzaba parsimoniosamente la cáscara de un cacahuete, con la mente en blanco e intentando vislumbrar alguna estrella entre las nubes grises, que la escena que tanto había estado buscando, cobró vida ante sus ojos de manera inesperada.

Sencillamente lo supo. Visualizó cada segundo y cada detalle de cuándo y cómo lo iba a hacer; y sintió que todos sus temores se esfumaban como volutas de humo difuminándose en el viento.

Contempló con infinita ternura aquel barquito de cáscara de nuez que transportaba ahoraBarquito de nuez todas sus esperanzas; al igual que aquellos mismos barquichuelos repletos de ilusión y aventuras que su abuelo le había enseñado a fabricar de pequeño, y que lanzaban a navegar por el tempestuoso mar del lavamanos cuando su abuela lo llenaba de agua teñida con azulete para devolverles la blancura a unos pañuelos.

Rasgó la quietud del agua con un ligero impulso de su dedo índice, y observó cómo su delicada creación se alejaba, tomando el mando de su propio rumbo mientras las velas, hechas con los pedazos de una servilleta de papel, se henchían como por arte de magia con la brisa.

Es cierto que tan sólo eran unos pocos metros dentro de una tranquila piscina de fondo azul; pero a él se le antojaba que su empresa era tan digna como la de los clásicos héroes antiguos, en la que su importante embarcación podía zozobrar e incluso naufragar. Sus esperanzas e ilusiones iban una vez más a bordo de ese barco, camino de la que le había robado el corazón, sólo que en lugar de ir a buscarlo, iba a entregarle lo único que aún le pertenecía: su voluntad. Porque en ella moraba ahora ese corazón que ya no le pertenecía a él; y así es que ella se había convertido en su faro, en su Ítaca personal… el hogar al que siempre regresar.

La travesía se le hizo eterna, observando desde su extremo de la piscina cómo el cascarón de nuez avanzaba lentamente pero de forma segura; admirándose del poder de abstracción de su sirena particular, que seguía ajena a lo que acontecía en torno a ella, como si fuese la única superviviente tras un holocausto.

Finalmente el barquito logró su empresa y atracó en el puerto de sus manos, y la sirena despertó de su ensueño para descubrir a su enamorado esperándola en la orilla opuesta. Examinó extrañada el cargamento y una radiante sonrisa apareció en su rostro como una explosión de primavera al descubrir un pequeño anillo que lo expresaba todo sin decir nada.

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M. H. Heels

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