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Sábado

SÁBADO 17

Cómo es posible que, a mi edad, me encuentre como un quinceañero de hormonas revolucionadas, o mejor dicho… y lo que es peor! como una tonta quinceañera que lleva un registro de sus emociones y pensamientos en un absurdo diario que no merecería más que ser pasto de las llamas. Pero aquí estoy yo, pese a mis 30 años y pese haber dejado atrás la pubertad hace ya tanto tiempo que ni la recuerdo.

Acabo de dejarla en el chat y, es tal mi estado de excitación, que me sería imposible ir a acostarme con la intención de dormir. Tengo la imperiosa necesidad de dar rienda suelta a todas estas nuevas sensaciones que me embargan; debo liberar mi alma y calmar mi mente antes de poder ser capaz de realizar cualquier otra cosa que no sea pensar en ella. ELLA… la que parece haberse adueñado de todos mis sentidos y dedicarse a hacerlos bailar a su antojo.

Creo que me estoy metiendo en un lío del que ni siquiera puedo hablar con nadie, pero es que no lo puedo evitar; es como un magnetismo que tira de mí y me arrastra más allá de los límites de mi voluntad. Esta noche no he podido evitarlo; no he podido pese a que habíamos ido a cenar con una pareja amiga de mi mujer y, al regresar a casa, estábamos más contentos de lo habitual. Unos cuantos arrumacos y, de pronto, a Sonia ha acabado de hacerle efecto el alcohol y el cansancio ha podido con ella… “Mañana prometo recompensarte con creces”. Mañana… desde cuándo programamos todo lo que debería ser espontáneo?

Y ante este pensamiento, el recuerdo de ELLA ha cruzado mi mente como si de un relámpago se tratara,  haciéndome incluso vislumbrar el resplandor imaginario que iluminaba la habitación y sintiendo el retumbar del consiguiente trueno reverberando en mi cuerpo.

Mis pasos se han encaminado decididamente hacia el ordenador, sin nada que pudiera refrenarme; esta vez con una idea fija en mi mente, pensando en lo absurdo de mis acciones y en lo ridículo de esperar… anhelar… encontrarla allí. “Por Dios, es sábado por la noche. Cómo pretendo que esté ahí metida, perdiendo el tiempo?” Pero ahí estaba… No sé si perdiendo el tiempo o esperándome, tal y como me ha confesado más  tarde. Me esperaba… a MÍ?

Mientras las palabras fluían como un torrente entre nosotros, mi razón albergaba la esperanza de que la noche anterior no hubiese sido más que un mero espejismo, producto del cansancio y la falta de sueño. Sé que mi razón confiaba en que hoy, la misma chica que ayer me deslumbró, me resultara esta noche insulsa o superficial, y poder así relegarla como una simple anécdota en el fondo de mi memoria y poder continuar con mi vida de siempre. La cordura aseveraba que eso era lo mejor que podía haber ocurrido pero, a medida que mi pantalla se iba llenando de líneas, mi espíritu se ha ido volviendo cada vez más ligero, rompiendo todas las ataduras que lo retienen constantemente anclado a mi cuerpo.

Ha sido como rencontrarme con una vieja amiga con la que compartí en su día infinidad de cosas. La misma confianza, la misma complicidad; acabando el uno las frases del otro, comprendiendo y compartiendo cada pensamiento que cualquiera de los dos hubiera expresado. No; ha sido algo más que eso…Somos tan parecidos y tan distintos a la vez; como si fuésemos… Ah! Me da pánico admitirlo… Complementarios.

Esta noche no sólo me he descubierto amando su forma de ser, su carácter atrevido y desenfadado; esta noche Ardid ha ido un poco más allá, desnudando su alma ante mí. Imprudente ella al hacer algo tan íntimo frente a un desconocido! Pero ella no me considera así ya que, según sus propias palabras “Ayer te topaste, sin querer, con este chat porque alguna fuerza todopoderosa condujo tus pasos hasta mí. Y ayer comprendí que mis continuas incursiones sin sentido a este chat tenían el único objetivo de prepararme para cuando tú decidieses volver a mí.”

Volver? Sí, volver… Sé que suena incluso hasta psicótico y, en cualquier otra situación, esta misma frase me habría erizado todos los pelos de la piel, pero no en labios de Ardid; no si es ella quien lo susurra (o al menos se me antoja a mí que lo expresaría en un susurro), porque no está haciendo más que expresar lo que mi  propio corazón presiente en sus más oscuras profundidades. Y es que no encuentro otra explicación posible a cómo me hace sentir esta mujer más que la de haber compartido ya alguna vida anterior con ella; que de  alguna manera, ya existía una conexión previa entre nosotros y anoche nuestras almas tan sólo tuvieron  que reconocerse.

Mi alma… Cuándo empecé a dejar desatendida a mi alma? En qué momento me olvidé de ella para centrarme tan sólo en el mundo material? Ella le ha insuflado ese aliento de vida que había perdido y la ha dejado al  descubierto, haciéndome comprobar que sigo siendo el mismo joven que la sentía temblar de emoción con cualquier motivo de alegría o la veía hundirse en los abismos más profundos con cualquier desdicha. Durante las horas que paso en compañía de Ardid me convierto en una persona totalmente diferente de la  que acostumbro a ser con los demás, y no es que de pronto me convierta en Mr. Hyde y pierda cualquier  parecido con mi yo cotidiano. Lo que en realidad me ocurre es que vuelvo a sentir plenamente que soy yo,  sin escudarme tras ninguna barrera ni fachada que proteja mi vulnerabilidad. Junto a ella simplemente SOY. De la misma manera en que desnudo mi alma en estos folios he desnudado todo mi ser esta noche ante ella, sin asustarme por mostrar mis debilidades y defectos, pues es como si ya los conociera de antemano y los aceptara gustosa como parte de mí.

Realmente no sé qué voy a hacer con todo este cúmulo de sentimientos que se van volviendo cada vez más fuertes en mi interior. Cómo es posible que todas estas palabras fluyan de mí cuando hace escasos dos días me daba pereza el solo hecho de tener que rellenar un formulario! Esta mujer va a ser mi perdición…

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