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Martes

MARTES 20

“Buenos días Insomne. Esta noche no podré reunirme contigo en el chat porque he quedado con unas compañeras de la facultad para hacer un trabajo. Es algo que solemos hacer de vez en cuando para compartir opiniones e ideas; una especie de brainstorming que, hasta el momento, nos ha dado fantásticos resultados!

El caso es que no sé a qué hora regresaré a casa, así que será mejor que no me esperes hoy.

Cuídate.”

 

Ahí está la luna, presidiendo el cielo una noche más, pero hoy se me antoja algo más triste de lo normal; tal vez sea porque está menguando ya o porque tal vez le faltas tú…  Pero por qué trato de engañarme? No es a ella a quien has abandonado, sino a mí. Soy yo el que te extraña.

Esta noche un sentimiento de vacío ha anidado en mi alma; durante el día es más fácil ignorar la voz que has despertado en mi interior, ocupando mi tiempo y pensamientos con cientos de cuestiones referentes al trabajo, familia, amigos, etc.; pero al caer la noche, el mundo se silencia y entonces esa voz interna surge como un clamor en mitad de la oscuridad.

Anoche nuestra intimidad se hizo aún más estrecha si cabe a raíz de la verdad. En el temor al rechazo pude vislumbrar el segundo motivo por el que mi alma se enamora cada día más profundamente de ese ser. Sé que, ahora que he expuesto la verdad ante la luz de la conciencia, es incluso más imperdonable que utilice este tipo de palabras para expresar lo que siente mi corazón; pero en este caso, fue ella quien propuso este peligroso juego de las 88 razones por las que yo terminaría perdidamente enamorado de ella. Tal vez debiera sustituir la palabra “enamorado” por alguna más neutra pero que implique la fuerte inclinación que mi alma siente hacia ella… Las 88 razones por las que ya no sé vivir sin Ardid… Los 88 motivos que me hacen creer firmemente que existe una conexión cósmica entre su existencia y la mía.

Cuando anoche disipó todos mis temores de forma tan dulce, creí firmemente que el hecho de estar casado no afectaría a la bella amistad que estamos construyendo. Fue ella quien dijo que podíamos transformar este sentimiento en lo que nosotros quisiéramos, encauzarlo dentro de los límites de la amistad y mantenerlo ahí sin permitir que se desbordara. Y yo la creí lo suficientemente fuerte para hacer eso y más, sin embargo, este mediodía, su mail ha sido como un balde de agua fría en plena montaña nevada.

Creí reconocer esa fortaleza, ese empeño por conservar algo tan hermoso, como el segundo motivo que me daba mi ángel para desear aún con más fuerza su presencia en mi existir; pero el mail recibido esta mañana resultaba tan frío, tan carente de todo lo que la define, que un funesto presentimiento se ha instalado en mi interior, anunciando el principio del fin.

No es el contenido de esas breves líneas lo que ha agitado mi alma sino la forma en que están expresadas; tan correcta, tan distante, tan convenientemente cordial que apenas puedo reconocerla en cada una de esas palabras. Ese “cuídate” tenía el amargo sabor de una velada despedida… Tal vez, anoche se dejara llevar por la exaltación de mis palabras y, con la reveladora luz del día, ha descubierto que es preferible un distanciamiento para ver las cosas desde una perspectiva más objetiva y racional.

Debería ser yo quien impusiera ese distanciamiento para tomar plena consciencia de mis actos y sus implicaciones, del daño que puedo acabar infligiendo a las dos mujeres más maravillosas que se han cruzado en mi camino. Estos folios deberían ayudarme a reflexionar sobre mis responsabilidades y mi realidad en lugar de ser un enaltecimiento constante de ese sentimiento romántico y, me atrevería a decir, casi metafísico, que me embarga cada vez que la presencia de Ardid, o su mero pensamiento, irrumpen en mi vida.

Cuántas palabras debo haberle dedicado a mi esposa a lo largo de todo este diario? Estoy convencido de que podrían contarse con los dedos de una mano, mientras que Ardid es el norte magnético que guía cada una de mis palabras. Es como si hubiese nacido una dualidad en mí; al igual que la noche y el día, la oscuridad y la luz, al igual que la luna y el sol coexisten en un mismo espacio temporal de 24 horas; cohabitan ahora en un mismo cuerpo dos sentimientos tan fuertes y reales que me resulta imposible creer que sean enemigos entre ellos.

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