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Desgranando una canción: Vine del Norte – Ismael Serrano.

Vine del Norte buscando

Una canción y una cruz

Y allí se cruzó un cometa

Y en su estela estabas tú.

Cuántas veces abandoné mi Norte por ese Sur de intensos azules que me robó el alma? Ese mar, ese cielo, esos ojos… jamás hallé nada parecido, tan intenso y embriagador en mi Norte frío y lluvioso.

Emprendí mi primer viaje buscando la canción que arrulló mis frías noches de enero; buscando la cruz que, ora tornaba pesado mi corazón, ora le daba alas para surcar los cielos… Cielo que, en una noche de noviembre, se cubrió de estrellas fugaces que borraron mi tristeza y te trajeron junto a mí.

En Madrid seguiría lloviendo

Tal y como lo dejé

Y en Santiago con tus luces

Y su noviembre me quemé.

Fue en una lluviosa mañana de noviembre que abandoné por segunda vez mi “Madrid”, con el alma maltrecha y tan plomiza como el cielo que dejaba atrás; con la tristeza de saberme perdida y la angustia de la incertidumbre ante lo que encontraría al llegar. Volé inconsciente hacia tu “Santiago” sin un corazón que se había quedado en el Sur y que ahora se negaba a regresar junto a mí.

Las horas, llenas de dudas y temor, parecieron hacerse eternas hasta que, finalmente, pude respirar ese aroma a azahar que henchía mi pecho y paraliza siempre mis sentidos; la luz del Sur me dio la bienvenida envolviéndome con su magia, tornando el agua en un fuego abrasador en el cual deseé arder.

Y fue después de un concierto

Una noche en tu Universidad,

Allí te encontré de nuevo

-Hoy te invito a carretear (salir de juerga)

-Acepto gustoso tu oferta

Sólo con una condición,

Que no se acabe esta noche

Y que no me enamore yo.

Y fue después de un concierto, acompañada por esa canción de mis noches de enero y de mil más que invitaban a dar los buenos días cada mañana que me lancé al vacío, con la ilusión como única red bajo mis pies y la esperanza, dándome alas para surcar esos mares que me llevarían hasta la profundidad de tu mirada… Y me perdí en aquel azul infinito bajo el inclemente sol del mes de julio.

Descubrí el verdadero sabor de la felicidad en una estación de tren; pero fue allí, al amparo de un ascensor de universidad, que te encontré de nuevo, reconociendo ante mí al que se había adueñado de mi cordura y mi corazón.

“Quieres conocer mi Sur?” Y deseé que el tiempo se detuviese, que aquellas breves horas que teníamos durasen toda una vida.

Andando por La Alameda

Tú me empezaste a contar

Causas, azares y luchas

En estos días, y al pasar

Por delante de La Moneda

Tú tarareaste a Jara,

Me miraste: -Así tan duro

Tienes un aire a Guevara.”

Pasamos el día recorriendo calles y avenidas, aprendiendo de cada edificio y tradición; y aún hoy en día ignoro si era lo que me contabas o el sonido de tu voz, lo que me embelesaba y me transportaba a un mundo en el que los sueños se confundían con la realidad. Tantos recuerdos construimos en tan breve espacio de tiempo…

“Tienen razón: te pareces a…” Me mirabas sonriente al decirlo y no fui capaz de llevarte la contraria.

Recuerdo esa mirada perdida en el horizonte, ausente y tal vez triste, mientras tarareabas aquella canción que  había iluminado las palabras que durante tantas noches yo había lanzado al viento. Un escalofrío recorrió mi alma y no pude hacer más que tomar tu mano y unirme a tu canto silencioso. Podías hacer que esa alma mía se desbordara de palabras y provocar a la vez que me quedara sin ellas.

Y entramos en un bareto

Y allí alguien cantaba a Fito,

-A este paso me enamoro,

Sólo me falta otro pisco (licor típico de Chile y Perú)

-Déjate de historias, súbete ahí

Y cántame una de Silvio

-Sólo si me das un beso

Y todos cantaron conmigo.

Irrumpiste a lomos de un cometa en mis tristes noches de noviembre, resurgiste de improviso arrancándome de las garras de la oscuridad y cegándome con tu luz…

Nos arrojamos a la calle como unos chiquillos en plena travesura, con la emoción de lo prohibido, con la pasión que provocaba el sabernos juntos; sabiendo que aquella noche era nuestra. Y entramos en un bareto en el que toda la música era más de tu gusto que del mío; y entre bailes, risas y conversaciones susurradas al oído; te encontré de nuevo, pese a que siempre estuviste ahí…

“Baila esta de Chayanne conmigo”

“Ni hablar!”

“Vamos!”

“Sólo si me das un beso”

Y durante aquel baile me sentí renacer.

Salimos del bar borrachos

Agarrados de la mano,

Y en la calle como siempre,

Jodiendo andaban los Pacos (policía)

Tu les gritaste “Asesinos!”

Y los dos echamos a correr

Tu reías y en tu risa

Yo me veía caer

Salimos del bar, agarrados de la mano, y en la calle un montón de jóvenes reían, gritaban y bailaban, continuando con la fiesta que habíamos abandonado en el interior.

La luna, que tantas veces habíamos contemplado en nuestra distancia, nos concedía esa noche unas horas más robadas al tiempo, escondiendo del mundo mil sentires en su manto de plata, iluminando la verdad de nuestras almas con su luz y haciendo que todo lo demás se dejase de existir a nuestro alrededor.

Cruzamos corriendo un paso de cebra, tu mano sujetando la mía; tú reías y en tu risa, yo me veía caer…

-Pero dónde has estado este tiempo?

-Se hace tarde vete a casa

Y en tu abrazo, a lo lejos,

Creí oír a Los Parra

Cantando para nosotros

-Será mejor que me vaya

Ahí quedé solo gritando, sin ti

“Te recuerdo Amanda”

Pero dónde estuviste todo este tiempo? Por qué esta imposibilidad de estar juntos? Por qué esta imposibilidad de permanecer separados?

“Quédate.”

“Se hace tarde, será mejor que me vaya a casa.”

Y en tu abrazo, a lo lejos, creí oír a Los Panchos cantando para nosotros, sabiendo que era una despedida más que desgarraría mi alma, posiblemente la definitiva.

Sentí en aquel instante el último beso, el último abrazo; y aferrándome fuertemente a ti, como si me fuera la vida en ello, en mi mente pude oír claramente a Los Panchos cantando para nosotros “Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón…”

Y ahí me quedé sola, sin ti, en un Sur que ya no podía ofrecerme nada más que el recuerdo de una estrella fugaz y una noche robada a los dioses.

Sería mejor abandonar aquel lugar mientras el calor de tus labios aún me daba fuerzas para ello; regresar a mi Norte con una maleta llena de recuerdos forjados a fuego en mi memoria que alimentarían a mi alma en las noches de soledad, con la vana esperanza de una falsa promesa que, en el momento de ser pronunciada, fue real…

Al tiempo llegué a mi Norte,

Con una canción y una cruz,

Con la estela de un cometa,

Con tu mentira y con tu luz.

En Madrid seguiría lloviendo

Tal y como lo dejé

Y en Santiago tantas cosas

Hoy me muero por volver

Hoy me muero por volver.

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M. H. Heels

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