Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 25 abril 2013

Escena nº 8 (Abril): Esta vez será una escena con un toque original ya que se basa en una imagen. Concretamente, en el cuadro Noctámbulos, del pintor norteamericano Edward Hopper, pero NO es necesario que los protagonistas sean los personajes del cuadro ni que tenga lugar dentro del bar.

Tenéis libertad para crear la historia que queráis siempre que:

1. Contéis una historia con su inicio, su nudo y su desenlace.

2. La historia tenga lugar durante la noche, haciendo homenaje al título del cuadro (Noctámbulos) y la atmósfera de soledad que desprende.

3. La historia esté inspirada en el cuadro de Hopper.

Esto es, podéis contar lo que le pasa a cualquiera de los personajes del cuadro, pero también a otro distinto que pase por ahí, lo que sucedía justo antes o justo después de la imagen, lo que sucede a consecuencia de esa imagen… Lo que se os ocurra.                http://www.literautas.com

Noctambulos

TRAS LOS CRISTALES

Una noche más que empieza. Igual a la anterior; premonición de la que vendrá. Siempre distinta, siempre la misma…

Paso distraídamente el paño sobre la impoluta barra de madera que me convertirá en espectador otra noche más. La costumbre hace de mis actos un ritual, y es tan importante para la quietud de mi espíritu borrar la presencia de cualquier mancha imaginaria, como la de comprobar que la gramola conserva en su lugar todos los discos que jamás sonarán.

Inspiro profundamente y me dispongo a darle la vuelta al cartel de “cerrado”… No es que este gesto vaya a marcar una gran diferencia en los acontecimientos de la noche, pero forma parte de esa liturgia a la que he ido dotando de significado e importancia a través del tiempo… Tiempo en el que se han desdibujado los límites de la realidad, creando un mundo paralelo en el que mi memoria es la única superviviente.

No espero oír el tintineo de la campanilla que descansa sobre la puerta de cristal; sé que en el momento en que me gire a colocar un vaso en su sitio o a buscar una botella de leche, Mike aparecerá, apoyado al otro lado de la barra y con esa sonrisa nostálgica que muere en sus labios con cada despuntar del alba.

No duda en explicarme el motivo de su presencia, como si con su verborrea quisiera alejar los miedos que alimentan su inseguridad. Él ignora que llevo escuchando esa misma historia, noche tras noche, durante lo que probablemente sean ya décadas; sorprendiéndome cada vez que me explica emocionado que hoy por fin se encontrará con Sarah, la mujer con la que lleva años escribiéndose; la mujer que, con sus palabras, salvó su vida en más de un sentido… Porque ella fue la única que contestó a las misivas que enviaba desde el frente de forma anónima, escogiendo direcciones completamente al azar en un acto impulsivo y desesperado por alejar la soledad y los horrores de la II Guerra Mundial. Una guerra a la que Mike no había elegido ir pero en la que se sentía moralmente obligado a defender a su pueblo y su hogar.

El sonido de unos tacones detiene su charla y su respiración. Cual sustituto de un reloj ausente, hace audible el paso del tiempo y lleva hasta el límite los anhelos de un hombre que pronto revivirá el instante en que quedó atrapado en este peculiar limbo de la cordura.

Christine es la dueña de ese segundero animado. Hace su entrada en escena desde la puerta que conecta los servicios con el resto del local; dejando que sus caderas bailen al son que marcan sus pasos y creyendo que la atención que despierta en Mike, es resultado únicamente de su sensualidad.

Acostumbrada a llamar la atención, no le sorprende que la mirada de Mike haya quedado absorta en su figura, olvidándose incluso de respirar. Lo que no sabe es que, por unos instantes, ese pobre infeliz ve en ella el mundo entero. La hace depositaria de todas sus esperanzas de felicidad, mientras anhela que cada paso la acerque más a él; deseando que ese taconeo no deje nunca de acompasar los erráticos latidos de su corazón… Mientras la bautiza con el único nombre que ocupa su mente: “Sarah”.

“¿Disculpa, me invitas a un cigarrillo?” Es la frase que despierta a Mike de su embrujo, provocando que la vea con renovados ojos; descubriéndola en su decepción mientras ella toma asiento en el taburete contiguo.

Conozco bien a Christine. Ya era una habitual antes de quedar atrapados en nuestra peculiar bola de cristal…

“Ponme lo de siempre, Joe.”

Sólo que en aquellos días, su sonrisa era una constante que hacía de este bar un lugar más cálido, y sus ojos rebosaban la suficiente alegría como para que el resto de clientes que aquí se refugiaban, desearan recuperar la fe en aquello que la vida les podía brindar…

“Pensándolo mejor, querido, hoy pónmelo doble.”

La actitud de camaradería con la que se desenvuelve es lo único que queda de aquella jovencita que compartía ufana, con quien quisiera escucharla, todos los pequeños progresos que la llevaron a convertirse en la cantante principal del club nocturno que se encontraba dos calles más abajo.

“¿Y a ti qué es lo que te trae por aquí, amigo?”

Muchos creían que su ruina sería la ambición, pero nada más lejos de la realidad, o mejor dicho, de la tercera mesa junto al escenario, donde cada noche se había sentado un hombre, sin más compañía que su sombrero sobre la mesa, una copa y una flor que terminaría la velada adornando uno de los jarrones de Christine. En ocho meses aquel hombre se adueñó de todos sus jarrones y de su corazón.

Admirador al principio, amante después; no pudo evitar romperle finalmente el corazón cuando una noche no tuvo más remedio que presentarse en el club, acompañado de su jefe y señora… y su respectiva esposa. Había un ascenso en juego y él había hablado demasiado bien de ese club nocturno en la oficina.

Supe que había ocurrido algo en cuanto apareció sola aquella noche. Hacía meses que no la veía sin su acompañante y, por supuesto, jamás había cruzado la puerta sin suafable sonrisa. He ido recomponiendo el rompecabezas a lo largo de estas interminables noches, descubriendo que ella le dio  un ultimátum, comprendiendo que le espera en esta misma barra de bar, aguardando a que él tome una decisión y venga a buscarla al lugar en el que le emplazó.

Ahora Christine es otra prisionera de estas paredes de cristal, en espera de algo que no llegará jamás. Su resignación no pretende más que ocultar el dolor que alberga en su interior, pero no hay nada que mis ojos no puedan ver… En mi mundo de sombras y silencios todo queda al descubierto; las verdades más acalladas son gritadas al viento mientras los miedos más profundos devoran inclementes, las almas de sus víctimas.

Pese a estar siempre pendientes de la campanilla que custodia la entrada, a ninguno de los dos le extraña que ésta permanezca en su usual mutismo mientras los clientes van apareciendo gradualmente en el bar. El más enigmático es, sin duda, Lester. Resulta casi un milagro que sepa su nombre, pues nunca interactúa con los demás clientes ni intercambia una palabra con nadie… Podría decirse que es el contrapunto perfecto para la muda campanilla de la entrada: ella nunca avisa y él siempre aparece.

Con un murmullo ininteligible me pide un whiskey antes incluso de sentarse en su acostumbrado taburete, alejado de los demás. Es como un baile que ensayamos cada noche y en el que ya conocemos los pasos de cada uno, pese a no demostrarlo nunca.

Vaso de brandy. Dos dedos de ámbar líquido fluyendo ante sus ojos. Y la intimidad en la que se resguarda cuando yo me retiro de nuevo entre las sombras. Algunos ojos curiosos observan a veces cómo permanece inmóvil frente a la barra, con la mirada fija en el vaso que permanece intacto, descansando todo el peso de su cuerpo en las manos que apoya sobre el mostrador de madera. Pese a ser un mero espectador, no es difícil percibir la lucha interna en la que se debate… No se trata de la simple duda de si sentarse o quedarse en pie; puedo apreciar en su expresión que su tribulación es algo mucho más profundo que lo que sus gestos e indecisión exteriorizan. El sufrimiento que escapa de su mirada, el lenguaje de las pequeñas arrugas que adornan su ceño, la forma inconsciente en que frunce los labios… Todo refleja la pesada carga que soporta su alma.

Él sabe cómo salir de ese trance, ese detonante que repite una y otra vez, y que para mí constituye el mayor de los misterios en este extraño lugar.

Abandonando su copa, Lester encamina sus pasos hacia la gramola mientras su mano izquierda juega con la moneda que ya lleva preparada para la ocasión. Siempre parsimonioso, se toma su tiempo frente a la máquina; diríase que disfruta de cada uno de los gestos responsables de que, de pronto, nos veamos inmersos en esa intoxicante voz que desgarra el alma y que sé positivamente que jamás ha estado almacenada en la gramola.

Ignoro cómo opera la magia, pero con el tiempo he dejado de preguntarme por tales cosas para entregarme al completo disfrute de la canción que, noche tras noche, acompaña nuestros silencios. No sólo he acabado aprendiéndome al dedillo la letra de “My Man”, sino que, con el tiempo, mi fascinación por la voz rota y cautivadora de Billie Holiday ha ido en aumento hasta llegar a rozar la devoción. Pero ninguna de las impresiones que pueda causarme a mí es comparable a la influencia que esa canción tiene sobre Lester; como un mantra que repite una y otra vez en su cabeza, invocando a los fantasmas que torturan su alma con oscuros pensamientos… con recuerdos, tal vez, que llenan sus noches de remordimientos y rabia contenida por lo que ya no puede deshacerse. Cada verso le acerca más al vaso de whiskey que le reta desde la barra, hasta aferrarse a él con ambas manos… a ese cuello de suave tacto que tantas veces besó… buscando la escapatoria de ese infierno personal en el que arde desde mucho antes de entrar en este bucle dimensional que compartimos todos.

Termina la canción y los murmullos de conversaciones van volviendo a adueñarse tímidamente del lugar, tratando de olvidar el dolor de una voz y el tormento de un desconocido. Pero en este lugar nada es lo que parece, y esa calma recién recuperada es tan sólo en apariencia. La ardua batalla de Lester se ve aplazada en el momento en que aparta bruscamente el vaso de whiskey y me mira con una plegaria inscrita en sus ojos, como si yo fuese una tabla salvavidas a la que poder sujetarse en medio de la tempestad. Reza su oración y su súplica es escuchada, al menos en la medida en que yo pueda paliar su sufrimiento con un café bien cargado y un buen pedazo de tarta de manzana. Eso le mantendrá entretenido y sumido en sus pensamientos hasta que nos sorprenda el amanecer y la ilusión se desvanezca; cuando los primeros rayos de sol se filtren por el enorme ventanal que nos separa del exterior, y nuestra realidad se confunda con el sueño.

La mañana llegará como siempre, y la claridad del amanecer borrará todo rastro de la existencia de esos miedos que cobran vida cada noche. Y el tiempo avanzará, dando vida y trayendo muerte mientras nosotros permanecemos eternos en nuestro pequeño mundo inalterado; desapareciendo con la luz del día y habitando la noche.

Sólo en los días de lluvia, cuando las gotas de agua rompen el espejismo en el que permanecemos confinados, puedo vislumbrar retazos de la otra realidad, la que mora más allá de los cristales de nuestro mundo, y a la que ya no pertenecemos.

Me cuesta comprender las esporádicas imágenes que me traen esos días lluviosos, llenas de altos edificios y personas que apenas levantan la vista al chocarse entre sí… Me hacen pensar que los que habitamos este lado del cristal, nos hemos convertido en unos apátridas del tiempo y el espacio; sin poder llegar siquiera a sospechar cuál es la magnitud de nuestro solipsismo.

Mientras ellos esperan a alguien imposible aquí dentro; yo conservo intacta la fe de que alguien, al otro lado, sigue esperando por mí; y es ahí donde radica la diferencia, lo que me hace distinto en este lugar… el motivo por el que, probablemente, yo soy el único habitante entre estas cuatros paredes que recuerda que, una vez, tuvimos una vida en una época que ya no nos pertenece.

————-

Nota: No tengo remedio. Ya cuando comencé a escribir el relato original de 750 palabras, vi que no tendría suficiente espacio para todos los hechos y detalles que pasaban por mi cabeza. Aún así, puse en marcha toda la capacidad de síntesis de la que soy capaz y logré escribir el relato que, finalmente, envié a Literautas. Una vez cumplido el reto mensual, decidí que la historia me gustaba demasiado como para dejar en el tintero todo ese mundo que se había ido formando en mi imaginación; así que lo que cuelgo aquí es la versión extendida de Tras Los Cristales y, para no repetirme, en cuanto me envíen el link a la versión corta, lo copiaré para quien le hubiera gustado la experiencia de jugar a las siete diferencias en talleres anteriores.

* Ya se han publicado las historias que participaron el el taller de abril! El primer link lleva al listado de relatos, por si queréis echar un vistazo y seguir leyendo (el mío es el nº 52); y el segundo link es el que lleva directamente a la versión de 750 palabras de Tras Los Cristales. Que lo disfrutéis!

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-8/

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-8/500

Read Full Post »

M. H. Heels

Persiguiendo maldiciones

Taller de escritura

Donde los sueños toman forma

A %d blogueros les gusta esto: