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Viernes

VIERNES 16

Sabía que el maldito insomnio sería mi perdición; el que ha imperado en mis noches desde que tengo uso de razón y contra el que he batallado todos estos años con todos los medios posibles a mi alcance. Pero esta noche todo ha cambiado; veo con ojos renovados mi mal y siento que tiene un motivo de ser que no debía serme revelado hasta ahora. El insomnio y las largas horas de desvelo que creía inútiles, me eran odiadas al amparo de la luz del sol, porque sólo me traían enormes bostezos y unas incipientes bolsas bajo los ojos que me recordaban que, en cuanto la luna volviera a asomarse en el cielo, mis sentidos despertarían de su letargo y mi cuerpo recuperaría toda la energía que había añorado a lo largo del día, y que ahora no necesitaba para nada.

Mi gran enemigo se convirtió anoche en mi fiel amigo, y reveló que, hasta ahora, tan sólo me había estado preparando para lo inevitable… Que ¿Qué ocurrió anoche para que todo mi mundo fuera sacudido por un terremoto que lo debilitó hasta los cimientos? Ja! Como si estas hojas de diario pudiesen interesarse o contestar a tales preguntas!

Era la una de la madrugada y, como de costumbre, me hallaba observando el techo de nuestro dormitorio, mi memoria reconocía cada pequeña imperfección de éste, incluso sin siquiera necesidad de luz. Me acompañaba en el silencio la acompasada respiración que emitía el cuerpo de mi mujer… El cálido cuerpo de mi mujer… Cuántas noches hace que no…? Recuerdo haberme casado como el hombre más enamorado del mundo.

Hastiado, decidí levantarme e irme un rato al salón para poder hacer ruido sin despertarla… Estaba claro que esa noche tampoco lograría conciliar el sueño; pero, a veces, el hecho de perder un tiempo viendo estúpidos videos de YouTube operaba milagros. Así que encendí el ordenador…

Cómo terminé metido en esa ventana del chat? Eso es algo que no logro comprender; creía que desde la aparición de Facebook, Messenger y demás; tales cosas ya no existían. Así que supongo que simplemente me picó la curiosidad al ver el anuncio en la esquina superior de la pantalla.

Entrar en aquel lugar fue como contemplar el cielo y vislumbrar, entre toda la chatarra espacial que orbita alrededor de nuestro planeta, la estrella más refulgente de todo el firmamento, el lucero del alba que se dignaba a mostrarse ante mí para iluminar mi oscuridad. Sí, anoche me encontré frente a frente con la mujer más desconcertante que he conocido jamás.

Entre frikis, trabajadores nocturnos a los que les falta más de un tornillo y estudiantes aburridos; ella se abrió paso hasta mí a través de la marea de comentarios absurdos que iban inundando la pantalla del ordenador, llamando mi atención, integrándome en aquel caótico mundo que ignoraba todo lo ajeno a él; despertando una vez más mi curiosidad, y algo más que no supe descifrar, hasta que finalmente acabamos optando por obviar a todos los demás y centrarnos exclusivamente en nuestra charla. No sé en qué punto de la conversación me di cuenta de que ella había logrado remover algo en mi interior que creía dormido, o tal vez ya extinguido, sin proponérselo… Ardid… Quién se pone un pseudónimo como Ardid? Yo me había decidido por un modesto Insomne88 y, aun así, no pasé desapercibido ante sus perspicaces ojos.

Las horas volaron sin que me diera cuenta, y no fue hasta que vi los primeros rayos de luz colándose furtivamente por la ventana del salón, que me di cuenta de que llevaba cinco horas charlando con aquella desconocida que, ahora, ya no era tan desconocida para mí. En lugar de conseguir mi objetivo de caer en los brazos de Morfeo, descubrí que la madrugada había pasado como una exhalación en su compañía, sin nada importante de lo que conversar pero sin que ningún silencio incómodo tuviera el valor de hacer acto de presencia e instalarse entre nosotros.

Siempre he oído que todas las grandes historias se desarrollan a partir de hechos intrascendentes, y así he sentido que ocurría con ella: A través de tontas conversaciones en las que ella iba revelándome una personalidad tan fresca como la brisa de la mañana, he comenzado a sentir que mi corazón iba haciéndose cada vez más ligero y que la risa acudía a mis labios con más facilidad que de costumbre. Un cosquilleo ha recorrido mi alma (Dios mío, pero es que aún estaba viva?) cuando le he leído decir “Insomne, eres único!” No he podido evitar reírme: cómo puede el insomne número 88 ser único?

Pero así me parece que es ella: sincera, espontánea, tan diferente a todo lo que me rodea habitualmente… Sin miedo a las consecuencias que puedan tener sus palabras o sin el temor que tenemos todos a mostrar nuestro verdadero ser. Con ganas de comerse la vida a bocados, sin darse cuenta de que es ella a la que yo me comería a bocados, esperando el mismo sabor que ofrece el primer mordisco de una manzana o el primer trago de cerveza en un día caluroso.

No sé bien qué es lo que ha ocurrido esta noche, pero algo que creía olvidado se ha despertado en mí interior, haciendo vibrar todas las fibras de mi ser y recordándome el que fui una vez, antes de ser esposo, abogado, presidente de la comunidad, socio número 1477 de la protectora de animales… antes de ser cualquier cosa etiquetable y olvidar quién era yo realmente.

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