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Domingo

DOMINGO 18

Ardid… Su nombre inunda mis oídos cada vez que lo pronuncio en mi mente… Ardid… Tiene razón; es una palabra que tiene un toque de sensualidad que me había pasado desapercibido hasta ahora.

Esta noche le pregunté el por qué de su pseudónimo y me di cuenta de que, pese a jactarme de lo mucho que siento que la conozco, realmente no sé ni su verdadero nombre…

“Para qué quieres saber un nombre que ni siquiera yo elegí? Dicen que, pasado un tiempo, la magia que existe entre una pareja se evapora, así que no pretendas arrebatarme la magia del misticismo, Insomne.”

Si lo llego a saber hubiera escogido cualquier otro pseudónimo para mí.

“Me rebauticé Ardid porque es una palabra que, fonéticamente, siempre me ha encantado y, además, su significado tiene tantos matices que según cómo la utilices puede tener una connotación positiva o negativa… como nosotros: Todos llevamos en nuestro interior el bien y el mal. Todas las cosas, cualquier acción puede considerarse buena o mala según el prisma bajo el que se la juzgue. Además, es el nombre de la protagonista de un libro que me fascinó hace ya años y me pareció originalísima la idea de utilizarlo como nombre; a la protagonista le iba como anillo al dedo… y a mí también! Es tan sensual, tan pícaro, incluso hay momentos en los que me resulta dulce.”

“Y qué ardid has utilizado para seducirme de esta manera y subyugar todos mis pensamientos a tu voluntad y antojo?”

“Contigo ninguno, tonto! Ya ves que no me hace falta ningún ardid para que tu alma recuerde nuestras anteriores vidas.”

“Y no tienes siquiera un poquito de curiosidad por saber mi verdadero nombre?”

“No. Para mí,  tú eres Insomne, el que aparece cada noche con las estrellas, el que contempla la misma luna que veo yo desde mi ventana porque, cariño, gracias a tu nombre sé que estás despierto, buscándome en ese cielo que nos es común a todos hasta no poder soportar más la añoranza y reunirte conmigo a través de estas, ya no tan impersonales, teclas de ordenador.”

No sé cómo lo hace pero siempre logra dejarme sin palabras, describiendo con meridiana precisión lo que siento en mi interior. Y parece mentira todo lo que es capaz de ver en cosas tan simples como un pseudónimo, escogido rápidamente y sin intención alguna.

“Y el 88? Bien podría ser mi edad!” –Me encanta desconcertarla y hacerla reír; yo diría que se está convirtiendo en mi pasatiempo favorito.

“Pues fíjate que eso no se me había ocurrido, jaja! Pero no. 88 son los 88 motivos distintos por los cuales enamorarte de mí.”

Enamorarme de ella… Cómo no había cruzado esa palabra aún por mi cabeza? Acaso corro el riesgo de enamorarme de ella? Reconocer la atracción que siento es una cosa pero… Me atrevo a incluir la palabra amor en esta relación?

“Y quién te dice a ti que no es al revés? Que no voy a darte 88 razones para que acabes perdidamente enamorada de mí?” –Es imposible no seguirle el juego; es como una telaraña que va tejiendo a mi alrededor sin que me dé cuenta, hasta que me tenga atrapado y sin ninguna vía de escape.

“Fácil. Ya lo estoy, Insomne.”

Siento que la cabeza me da vueltas, un sudor frío recorre mi espalda y mi corazón es como un caballo desbocado, latiendo frenética y desacompasadamente. No sé si es el terror o la exaltación lo que se ha apoderado de mí desde el mismo instante en que he leído esas escasas palabras, tan cargadas de significado. Mis manos tiemblan y siento ese conocido ardor devorándome las entrañas mientras una emoción, propia de un adolescente, recorre todo mi sistema nervioso, provocando que el jersey que llevo puesto me resulte ahora molesto. Tengo que reprimir las irrefrenables ganas de reír y dar saltos de alegría que se adueñan irracionalmente de mi cuerpo… Y entonces la realidad me golpea como si me hubiese caído una maceta en la cabeza.

Sonia durmiendo en la habitación contigua y yo ilusionado como hace años que no lo estaba, por la locura de una extraña prometiéndome amor. Pero qué diablos me ocurre? Qué estoy haciendo? Estoy casado, por amor de Dios! Felizmente casado! En qué lío me he metido sin darme cuenta? Para qué me voy a engañar, en uno del que ni puedo, ni quiero salir…

“Ardid… No crees que eso son palabras mayores? No sé qué decir…”

“No digas nada, Insomne. Espera a que te dé mis 88 razones antes de tomar cualquier decisión… Y la primera que te voy a dar, y la más importante, es que somos almas gemelas.”

Touché… La primera razón ha entrado directa a mi corazón.

“Ardid, cielo, se está haciendo bastante tarde y el fin de semana se ha terminado ya, lo que significa que mañana recuperaré mis acostumbradas ojeras si no me voy a dormir ahora. No creo que entre semana mi cuerpo pueda resistir nuestro maratones nocturnos.”

“Pero vendrás a darme al menos las buenas noches, verdad? No te me vayas a asustar por lo que te he dicho antes!”

“Te prometo hacer todo lo posible por no fallarte, ya sabes que eres mi ángel guardián y que ya no puedo conciliar el sueño sin oír al menos una palabra tuya.”

“Entonces apúntate mi dirección de correo y así, si alguna noche no podemos encontrarnos aquí, al menos tendré la tranquilidad de saber que estás soñando conmigo.”

“Ya lo tengo apuntado. Mañana te escribo sin falta para que tú también tengas el mío. Buenas noches princesa, ya te echo de menos.”

Apago el ordenador en un estado de atribulación que no me deja pensar con claridad. Mañana tendré que crearme una cuenta de correo que utilice exclusivamente para comunicarme con ella, no puedo arriesgarme a que mi mujer descubra sus mails… Empiezo a sentirme como un embaucador, engañando a mi mujer y engañando a Ardid, manteniéndola en la ignorancia respecto a mi estado civil. Ninguna de las dos se merece que las traten de esta manera… pero mi mujer sería incapaz de comprender la situación en la que me encuentro, sintiendo como si tuviera una personalidad durante el día y otra distinta en cuanto cae el sol; siendo ambas auténticas, sinceras. Sería capaz de entenderlo Ardid? Durante tres días no he tenido el valor suficiente para revelarle la verdad por miedo a que desapareciera de mi vida de la misma forma en la que entró; pero, si como dice, es mi alma gemela, entonces tal vez haya una posibilidad de que sea capaz de aceptarlo y… Me duele la cabeza. Será mejor que me vaya a dormir.

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