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Escena nº 6 (Febrero): La historia (o una parte, por lo menos) tiene que ocurrir durante un carnaval o una fiesta de disfraces. Además, ha de haber un personaje que tenga miedo de algo, por los motivos que sea.

Género y tono: No está limitado. Tenéis manga ancha en este asunto. La historia puede ser de terror, de suspense, de amor, de humor, dramática… Lo que se os ocurra y os apetezca, pues el miedo del personaje puede ser por muchos motivos.     http://www.literautas.com

Boceto Carnaval Venecia

EL CARNAVAL DE MANUEL

Era sencillamente perfecto. Más bajo no podía haber caído, y es que si le hubieran dicho hace tres años que acabaría así, no se lo hubiera creído por nada del mundo.

En aquel entonces era un murciano dedicado a combinar sus estudios con el cuidado de la huerta, sin más interés por viajar que por aprender a hacer macramé. Cómo había acabado entonces compartiendo un pequeño apartamentucho en la famosísima y costosa Venecia? Bueno, supongo que nadie se extrañará al descubrir a una mujer tras semejante decisión.

Recordaba la primera vez que vio a Gina; sus ojos divisaron la morenaza más guapa que había visto jamás y su cerebro creyó automáticamente que se trataba de un espejismo producido por el sofocante calor del mes de junio. Volvió a encontrársela durante la noche del viernes en el bar, pequeñas ventajas de los pequeños pueblos; y tras el tercer cubata encontró el coraje para abordarla. Inexplicablemente le cayó en gracia, aunque supongo que su respectivo tercer cubata le hizo sonar más gracioso de lo que en realidad era; el caso es que surgió el amor a primera vista, la seducción a primera palabra, la fogosidad a primer beso y la pasión a primer… Todo eso en una sola noche, y a la mañana siguiente ya se habían jurado amor eterno.

Y cuando se acercó el mes de septiembre, él, Manuel, el hijo de Antonio y Guadalupe, tardó escasa media hora en hacer el petate y seguir los pasos de su Gina hasta Venecia, su ciudad natal.

El principio, como todos los inicios, había sido muy hermoso, más basado en la pasión que en la razón; y por eso a nadie le importó que Manuel ya tuviese bastante con aprender italiano y ganarse unas perrillas impartiendo unas clases clandestinas de español a italianos que pretendían viajar a España con intención de engatusar a algunas inocentes chiquillas que se dejaran deslumbrar por un exceso de gomina y labia zalamera.

A nadie le extrañó que tras año y medio de convivencia en un modesto pero coqueto estudio de cuarenta metros cuadrados, Gina le pusiera un día las maletas en la puerta y le dijera «búscate la vida», harta del exceso de intimidad, estrecheces y la falta de espacio y recursos para completar su ansiada colección de bolsos.

Y ahí estaba él, Manuel, de treinta y cuatro años; con un fluido italiano, aunque de marcado acento murciano; compartiendo un aún más modesto y ya nada coqueto apartamento de cuarenta metros cuadrados con Luiggi, ex alumno suyo y ex marido de una mujer que se dedicaba a vender bolsos y zapatos. Crueles ironías del destino.

Desde entonces Manuel compaginó sus clases de español para casanovas de pacotilla, con trabajos temporales en bares, restaurantes, tiendas y cualquier negocio dedicado al turismo. Pero el año 2013 había comenzado realmente mal para él: en enero, el restaurante en el que trabajaba, tuvo que cerrar por inundación al reventarse la acometida del agua, y los gastos que ocasionaron las obras de reparación, llevaron a un reajuste de la plantilla. Su compañero de piso, Luiggi, decidió organizar una primera expedición de reconocimiento en grupo a España con todos los alumnos de Manuel, pero sin Manuel, dejándole sin su única fuente de ingresos durante un mes.

En febrero hubiera corrido el riesgo de acabar más seco que la mojama de no haber sido por la llegada del celebérrimo carnaval que se organizaba en la ciudad y por la salvadora llamada que recibió de un antiguo compañero de trabajo, ofreciéndole sustituir a su primo, que estaba de baja por rotura de nariz, durante la celebración de los festejos.

Estaba tan emocionado que incluso olvidó preguntar en qué consistía el trabajo, así que fue toda una impresión la que se llevó el primer día, cuando vio que su uniforme constaba de una camiseta a rayas, pantalones ajustados, un sombrero de paja y una larga pértiga; comenzó a intuir que el primo de su amigo no era exactamente camarero. Pero cuando vio que esa indumentaria iba a juego con una enorme góndola, toda enterita para él, con la que llevar a pasajeros fastuosamente disfrazados, de un sitio a otro durante todos los días que durara el carnaval; creyó sinceramente que ya no podía ocurrirle nada peor. El cuarto día de carnaval, el destino decidió demostrarle lo contrario.

Era la duodécima pareja que se subía ese día a su góndola. Se separó mecánicamente del muelle y se incorporó al abundante tráfico que llenaba durante esos días los canales; la práctica le había hecho coger soltura con el remo pero seguía poniéndole algo nervioso el hecho de estar permanentemente rodeado de agua, a fin de cuentas, él era un chico de secano que apenas sabía nadar. Enfrascado en su tarea, no se percató de que uno de los pasajeros le miraba intensamente desde detrás de su máscara, hasta que ya tuvo establecido su plan de ruta.

Aquellos ojos le resultaron extrañamente familiares y expresivos, como si quisiesen confesarle algo sin palabras; sintió fascinación por esa mirada que le atravesaba el alma, ese tipo de atracción que no había vuelto a sentir desde que conoció a…

carnaval-de-venecia¡Tú! —El grito escapó de su garganta antes de que pudiera darse cuenta. Casi pierde el equilibrio en cuanto reconoció a “su Gina” mirándole fijamente mientras iba abrazada a otro hombre. Su rostro empalideció, las rodillas parecieron dejar de sostenerle y la respiración agitada provocó que prácticamente hiperventilara. El pánico inundó todo su ser, paralizándolo como si fuese un zorro ante las luces de un camión; escuchando tan sólo el desbocado latir de su corazón mientras la sangre recorría su cuerpo a velocidad vertiginosa. ¡Tantas imágenes hermosas pasaron ante sus ojos, tanto dolor rememoraron sus sentidos!… hasta que ella abrió la boca y dijo: —Ese sombrerito de paja te queda muy bien.

Olvidó esa mirada y esa sensualidad; y recordó la vasta colección de bolsos que ocupaban prácticamente la totalidad del armario, los insulsos programas de televisión cada tarde, las estúpidas preguntas que tenía que soportar cuando ya estaba más en los brazos de Morfeo que en los de ella, las maletas en la puerta sin ninguna conmiseración… Y el pánico se tornó en ira; perdió los modales y el remo. Ni tan siquiera pensó en detener todos los reproches e insultos que salían a borbotones de su boca, hasta que el acompañante de Gina se levantó de forma autoritaria y le instó a que recuperara el remo.

Se hizo el silencio en la mente de Manuel. De pronto todo carecía de sentido: el hombre que tenía delante, lo que le había llevado a estar a bordo de una góndola, o la utilidad que podía tener un remo en esa situación. Fue como un cortocircuito neuronal que llevó a Manuel, el chico más sensato de su pueblo, a lanzarse al agua; dejando la góndola y a Gina a merced de la corriente para alejarse chapoteando de allí, con la dignidad pasada por agua, y con la pequeña satisfacción de arrastrar el remo consigo en su intento de alcanzar la orilla.

 

Un Futuro Prometedor (segunda parte) http://wp.me/p2u4xZ-4D

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Nota: Lo sé, excede las 750 palabras reglamentarias, pero me siento mucho más satisfecha de este primer escrito que de la versión algo descafeinada que tuve que enviar al taller por falta de espacio.  En cuanto me envíen el link a la versión corta que presenté, lo copiaré para quien quiera echarle un vistazo y jugar a las siete diferencias.

* Ya se han publicado las historias que participaron el el taller de febrero! El primer link lleva al listado de relatos, por si queréis echar un vistazo y seguir leyendo (el mío es el nº 26); y el segundo link es el que lleva directamente a la versión de 750 palabras de mi carnaval… bueno, el de Manuel :p

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-6

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-6/338

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