Feeds:
Entradas
Comentarios

Móntame una Escena

portada-libro-taller-escritura

http://www.literautas.com/es/taller/libro-taller-montame-una-escena-recopilacion-1/

No es mi costumbre publicar en este blog nada que no sea un relato pero esta vez, creo que la ocasión lo merece. Un año ha pasado ya desde que la web de Literautas decidió crear su Taller Literario y al que me animé a participar nada más descubrirlo, por su dinámica sencilla y participativa.

Ahora el equipo de Literautas saca a la luz el primer libro recopilatorio de “Móntame una Escena” para celebrar ese primer añito lleno de retos y relatos, de esfuerzos y alegrías, de superación personal y trabajo en equipo.

65 relatos que ilustran doce escenas distintas de entre los cientos que han participado a lo largo de todo este tiempo, y que conforman este libro electrónico, gratuito y disponible en formatos epub, pdf y mobi. Una pequeña recompensa para todos los que tratamos de llenar el mundo de palabras y sueños con la ilusión del primer día.

Una vez más, gracias Literautas.

Intentando Regresar

Con pánico y pudor rasgo este lienzo inmaculado, y digo bien al exponer este folio como un lienzo pues, ¿acaso las palabras no son un arte como el del pincel?  Que al esbozar dos trazos, ya puede vislumbrarse lo que en vocablos podría llamarse rostro o bien paisaje. Y bien es sabido que un trazo equivocado resulta a la vista tan estridente como una palabra disonante caída en un poema.4

Así, con pánico, se sienta un alma perdida ante lo que antes era su hogar… Porque dice quien no ha creado jamás que un don no puede perderse y simplemente desaparecer; y escucha el que ha sufrido tal desdicha, y se ríe amargamente al saberse burlado por un necio que jamás entenderá de las pasiones y tribulaciones de quien ya no es capaz de encontrarse con sus musas.

Un Futuro Prometedor

Escena nº 10 (Junio): Para participar en la escena de este mes tendréis que enviarnos un texto que cumpla las siguientes características:

1. El texto tiene que contar una historia con su inicio, su desarrollo y su desenlace.
2. La acción principal ha de ocurrir en un escenario lleno de libros. Puede tratarse de una biblioteca, una librería, una feria del libro; puede ser grande, pequeña, fantástica, realista… Lo que queráis, pero ha de tener muchos libros.
3. En la historia tiene que aparecer un diálogo que contenga la frase: “El año que viene, tal vez”.

http://www.literautas.com

_______________________________________________________

remo-02* Nota: Vuelvo, una vez más, con una versión extendida del relato presentado al taller de Literautas. Pero esta vez no sólo he sido incapaz de ceñirme al espacio de 750 palabras, sino también al tiempo.

He procurado hacer un relato lo más independiente posible, pero es evidente que para esta escena me propuse hacer una “historia por entregas”, volviendo a dar vida a Manuel, el primer personaje que creé para Literautas y que se ha ganado mi corazoncito.

Es por eso que comienzo esta entrada con una nota y un link a lo que podría considerarse como la “primera parte” de este relato, por si a alguien no tuvo oportunidad de leerlo en su momento.

Enlace a El Carnaval de Manuel (primera parte):  http://wp.me/p2u4xZ-2T

Como viene siendo costumbre, presento la versión extendida, dejando un link al final de la entrada al relato de 750 palabras presentado al reto de Literautas. 

 

UN FUTURO PROMETEDOR

Tras la puerta que acababa de abrirse para él, pudo contemplar extasiado un modesto despacho que, a sus ojos, era la representación del éxito y la reaparición, por fin, de su buena estrella.

Durante unos instantes, dejó que su vista navegara por el escenario que se desplegaba ante él,libros saboreando esa sensación de triunfo que tantas veces le había rehuido en los últimos tiempos. Admiró el amplio escritorio atestado de folios y manuscritos como proyección de su propio futuro; el ventanal que decoraba la pared de fondo, como esa puerta abierta a la esperanza, y las grandes estanterías de madera repletas de libros, como los brazos abiertos de su nueva familia. En ese impasse previo a la presentación, no pudo evitar que su mente retrocediera a, lo que ahora sabía, había sido el punto de inflexión.

Él, Manuel, aquel murciano que había terminado de gondolero por circunstancias del corazón, había sobrevivido a la suciedad y el tráfico de los canales venecianos mientras nadaba los cien metros estilo perrito. Llegó a la orilla con más agua del Adriático en su estómago que sangre corriendo por sus venas, con la dignidad pasada por agua y un remo que acabaría convirtiéndose en su escudo de armas.

“No preguntes” fue todo lo que dijo al llegar a casa; de modo que Luiggi, se limitó a contemplar atónito, cómo su compañero de piso colocaba con total naturalidad un remo en el paragüero de la entrada, para después dejar un reguero de agua que conectaba todos los rincones de la casa hasta ir a morir finalmente en el cuarto de baño. Tras tres cuartos de hora encerrado ahí dentro, Manuel se plantó ante Luiggi y sentenció: “Voy a aprender a nadar”.

Y sin duda le hubiera resultado muy útil si al día siguiente no le hubiesen echado del puesto de gondolero.

Esta vez el remo terminó colgado en la pared del salón, a modo de recordatorio de tanta frustración sentida y volcada en cada martillazo dado a las alcayatas que debían sujetarlo, y como símbolo de su recién adquirida determinación de salir siempre a flote, metafórica y literalmente.

Estando una vez más en paro, Manuel repartió su escasa economía y exceso de tiempo entre sus clases clandestinas de español, repartir currículos y aprender lo importante que era no respirar con la cabeza dentro del agua. Sabía que necesitaba pasar página de una vez por todas con Gina, hacer borrón y cuenta nueva y, sin siquiera darse cuenta, empezó a expurgar todas sus penurias y desdichas a través de los textos para traducir que les preparaba a sus alumnos como deberes de casa.

Sabía que era ridículo exponer de forma tan abierta sus apuros y desdichas ante todos sus alumnos pero, a decir verdad, éstos llevaban ya tanto tiempo con él, que eran pocos los que no conocían de primera mano las desventuras tanto laborales como amorosas, de Manuel. Qué importaba ya el pundonor si había descubierto una forma de canalizar toda su rabia y sufrimiento, y de paso, darles un aliciente a sus alumnos para atender puntualmente a sus clases, ya no para calmar su sed de conocimientos sino de chismorreos.

Definitivamente era la mejor manera de matar tres pájaros de un tiro, y digo tres porque la guinda del pastel la ponía el hecho de estar ahorrándose un dineral en psicólogos que le orientaran a pasar página con Gina; o en un coach que le hiciera ver que, indudablemente, él era mejor opción que un bolso de Ferragamo; o en psicoterapeutas que le dieran por fin un significado lógico a ese sueño recurrente en el que se pasaba media noche huyendo de góndolas asesinas y la otra media persiguiendo remos con forma de cocodrilo; o en un doctor en acupuntura que obrara un milagro con su propensión a almacenar agua de piscina en oídos y fosas nasales cual hidroavión de bomberos.Venecia-Gondola

Tan intensamente se aplicó en sus actividades que al cabo de unos meses ya había encontrado trabajo en un pintoresco restaurante cerca de la Plaza de San Marcos, y siete alumnos nuevos.

Lo que comenzó de forma totalmente improvisada y sin un propósito particular, resultó ser el mayor logro obtenido jamás por Manuel. Supo dar carnaza al espíritu de portera que vivía en su alumnado y convirtió a un grupo de jóvenes italianos con afán de ligoteo en fans histéricos que demandaban su dosis semanal de “confesiones con buen humor”, tal y como habían acabado bautizando a sus estrafalarios deberes de traducción.

Tal furor llegó a generar que de forma espontánea algunos de sus alumnos comenzaron a organizar cenas semanales en el restaurante donde trabajaba Manuel, para contrastar las traducciones de cada uno y resolver dudas mientras disfrutaban de un lambrusco bien fresquito y ayudaban al maestro en la creación de nuevas anécdotas. Tuvo incluso que defender su autoría remo en mano, de aprovechados que intentaban subirse al carro del éxito utilizándole a él de escalera. Fue entonces que decidió encomendarse a su diosa fortuna, dar un paso más allá y tratar de sacarle mayor provecho a la divulgación de sus desventuras.

—Manuel… ¡Manuel! ¿Sigues aquí?

Manuel despertó de su trance para encontrarse frente al editor al que pretendía impresionar en su primera reunión cara a cara, observándole con extrañeza.

—Sí, disculpa. Es que aún me parece increíble estar aquí, rodeado de tantos libros y sabiendo que pronto pasaré a engrosar esas estanterías—. Respondió mientras seguía paseando su vista por la infinidad de libros que forraban las paredes de la habitación.

—Pues aún tengo una sorpresa más para ti, —hizo una pausa que generara expectación mientras inclinaba su cuerpo sobre el escritorio —. Hemos decidido que tu libro inaugure la nueva línea editorial que presentaremos en la próxima feria del libro.

Inaugurar nueva línea editorial”… Eso sonaba como música celestial a sus oídos… ¡Qué paradoja! ¿Quién le habría dicho cuando comenzó a escribir esos relatos autobiográficos en los que siempre salía apaleado por el azar y la fortuna, que sus alumnos no serían los únicos en disfrutar de sus infortunios? Ya se veía, como una lechera cualquiera, firmando libros en un stand de la Feria del Libro de Madrid, rodeado de escritores consagrados felicitándole su éxito.

Y como una lechera cualquiera, vio romperse el cántaro en cuanto el editor volvió a abrir la boca.

—Pero para eso necesitamos pedirte permiso para cambiar el título original y darle un… enfoque diferente —el aterciopelado tono de voz y el lenguaje corporal no auguraban nada bueno. —Verás, Manuel, la nueva línea que estamos preparando se compondrá esencialmente de guías de viaje, y dado que has vivido Venecia de una forma tan personal, creemos que tu manuscrito encajaría muy bien bajo el título “Curiosa guía para visitar Venecia en diez días”.

El estrépito del cántaro tenía nombre de “guía de viaje”; demasiado estruendo para poder oír las palabras que seguían fluyendo de la boca del editor, vendiéndole la magnífica oportunidad que suponía la creación de la nueva sección, animándole a que esa fuera la primera de sus colaboraciones con la editorial, que más adelante podían incluso pensar en expandir fronteras… En definitiva, demasiado estruendo para responder coherentemente a la pregunta de si tenía pensado echarse alguna novia francesa…

—El año que viene, tal vez…

——————————–

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-10/706

Escena nº 9 (Mayo): Para participar en la escena de este mes tendréis que enviarnos un texto que, además de contar una historia con su inicio, su medio y su desenlace, reúna las siguientes características:

1. El texto se contará con un narrador en primera persona.
2. La primera frase del texto ha de ser: “Me giré al escuchar sus pasos”.
3. El texto terminará con la frase: “cerré los ojos, incapaz de seguir mirando.

http://www.literautas.com

 

REMINISCENCIAS DEL AYER

Me giré al escuchar sus pasos. Llevaba esperándole cien vidas y, pese a no conocerle, sabía que era él.

Había estado morando en mis sueños desde que tenía uso de razón, pero durante el último mes, sus apariciones se habían hecho cada vez más insistentes, como si quisiese decirme algo con ellas que iba más allá del simple contenido del sueño.

Siempre he sido más bien pragmática; sin fuertes creencias ni esperanzas en un idílico más allá, ni en un más acá habitado por alienígenas. Pero todos aquellos sueños habían ido despertando una vaga sospecha en mi conciencia; un conocimiento que escapaba a mi memoria y mi entender. La certeza de que mi subconsciente estaba tratando de despertar de su letargo, intentando evocar esa parte de consciencia que debía recordarle.

Contaba unos cinco años cuando tuve el primer sueño en el que recuerdo verle. Lo sé porque, aún a día de hoy, a mi madre le encanta explicar que a esa edad, me pasé toda una semana proclamando que había conocido a mi príncipe azul y que de mayor me casaría con él.

No sé por qué motivo, ya entonces, todos los sueños en los que él aparecía, tenían una especial intensidad, un “algo” reconocible hasta para una niña de tan corta edad. Supongo que por eso no acabé nunca de entender por qué mis padres comenzaron a preguntarme por mi amigo imaginario, cuando de imaginario no tenía nada. Mi “amigo” no era producto de una fantasía desbordante, y prueba de ello es que nunca apareció en mis múltiples juegos.

Pese a que durante la adolescencia sus apariciones fueron haciéndose cada vez más escasas, empecé a darme cuenta de la realidad de su extraña naturaleza. Algo estaba claro: no era normal ser visitada una y otra vez por el mismo ser; así que empecé a mostrar interés por todo aquello que intentara dotar de significado a los sueños.

No es de extrañar que, con el paso de los años, esa afición terminara por convertirse en algo más que un detallado ritual de sueños, en casi una obsesión por recopilar, anotar y estudiar minuciosamente cada simbolismo que pudiese haber encerrado. Me adentré en el mundo del psicoanálisis buscando respuestas racionales y, sin embargo, lo que encontré fue un inquietante acercamiento hacia lo desconocido.

Cerré el libro de Jung que tenía entre las manos y me dejé mecer por el constante traqueteo del tren, cerrando los ojos y entregando mi voluntad a una dulce duermevela. Desde que había iniciado aquel viaje, la sensación de vértigo que me acuciaba hacía unas semanas, había ido en aumento, tensando mis nervios y apoderándose de mi buen juicio; inundándome con una sensación de fatalidad y de pertenecer a un plan cósmico.

No sabía qué era, ni qué me ocurría, pero definitivamente la lectura no había ayudado a distraerme y, por lo visto, los ejercicios de respiración tampoco parecían estar conduciéndome a ninguna zona de confort. Mi duermevela comenzó a llenarse de extrañas imágenes sin sentido, breves escenas de vivos colores y contornos tan nítidos como los de una fotografía. Era surrealista y desordenado pero pronto pude discernir un denominador común en todas ellas… Él. Él sonriendo; Él observándome con ternura; Él tratando de decirme algo… Él tendiéndome la mano.

El estridente pitido del tren me arrancó de ese trance y, como alma que lleva el diablo, agarré la maleta y me lancé fuera del tren. Sabía que no había llegado a mi destino pero poco me importaba. Me faltaba el aire y las imágenes seguían arremolinándose en mi cabeza mientras recorría el andén. Todo aquel sinsentido parecía ir encajando sus piezas de forma misteriosa.

Me detuve de pronto. No necesitaba cerrar los ojos para distinguir sus pasos entre una multitud de sonidos, de hecho, no quería cerrarlos porque, por primera vez, estaba segura de no estar viviendo un sueño.

Me giré y su presencia se hizo real. Observándome con la misma ternura que ya conocía, con la complicidad a la que me tenía acostumbrada.

— “Esta vez te ha costado un poco.”

“¿Siempre te encuentro?”

“En cada existencia.”

Una vez más, había logrado encontrar a mi alma gemela…

“¡Cariño, ya tengo los billetes!”

Tarde…

Esa voz en la distancia resonó como un trueno en mi interior. Vi mi angustia reflejada en sus ojos y sentí su perdón rogándome en el alma. No había más que decir… Di media vuelta y cerré los ojos, incapaz de seguir mirando.

Tras Los Cristales

Escena nº 8 (Abril): Esta vez será una escena con un toque original ya que se basa en una imagen. Concretamente, en el cuadro Noctámbulos, del pintor norteamericano Edward Hopper, pero NO es necesario que los protagonistas sean los personajes del cuadro ni que tenga lugar dentro del bar.

Tenéis libertad para crear la historia que queráis siempre que:

1. Contéis una historia con su inicio, su nudo y su desenlace.

2. La historia tenga lugar durante la noche, haciendo homenaje al título del cuadro (Noctámbulos) y la atmósfera de soledad que desprende.

3. La historia esté inspirada en el cuadro de Hopper.

Esto es, podéis contar lo que le pasa a cualquiera de los personajes del cuadro, pero también a otro distinto que pase por ahí, lo que sucedía justo antes o justo después de la imagen, lo que sucede a consecuencia de esa imagen… Lo que se os ocurra.                http://www.literautas.com

Noctambulos

TRAS LOS CRISTALES

Una noche más que empieza. Igual a la anterior; premonición de la que vendrá. Siempre distinta, siempre la misma…

Paso distraídamente el paño sobre la impoluta barra de madera que me convertirá en espectador otra noche más. La costumbre hace de mis actos un ritual, y es tan importante para la quietud de mi espíritu borrar la presencia de cualquier mancha imaginaria, como la de comprobar que la gramola conserva en su lugar todos los discos que jamás sonarán.

Inspiro profundamente y me dispongo a darle la vuelta al cartel de “cerrado”… No es que este gesto vaya a marcar una gran diferencia en los acontecimientos de la noche, pero forma parte de esa liturgia a la que he ido dotando de significado e importancia a través del tiempo… Tiempo en el que se han desdibujado los límites de la realidad, creando un mundo paralelo en el que mi memoria es la única superviviente.

No espero oír el tintineo de la campanilla que descansa sobre la puerta de cristal; sé que en el momento en que me gire a colocar un vaso en su sitio o a buscar una botella de leche, Mike aparecerá, apoyado al otro lado de la barra y con esa sonrisa nostálgica que muere en sus labios con cada despuntar del alba.

No duda en explicarme el motivo de su presencia, como si con su verborrea quisiera alejar los miedos que alimentan su inseguridad. Él ignora que llevo escuchando esa misma historia, noche tras noche, durante lo que probablemente sean ya décadas; sorprendiéndome cada vez que me explica emocionado que hoy por fin se encontrará con Sarah, la mujer con la que lleva años escribiéndose; la mujer que, con sus palabras, salvó su vida en más de un sentido… Porque ella fue la única que contestó a las misivas que enviaba desde el frente de forma anónima, escogiendo direcciones completamente al azar en un acto impulsivo y desesperado por alejar la soledad y los horrores de la II Guerra Mundial. Una guerra a la que Mike no había elegido ir pero en la que se sentía moralmente obligado a defender a su pueblo y su hogar.

El sonido de unos tacones detiene su charla y su respiración. Cual sustituto de un reloj ausente, hace audible el paso del tiempo y lleva hasta el límite los anhelos de un hombre que pronto revivirá el instante en que quedó atrapado en este peculiar limbo de la cordura.

Christine es la dueña de ese segundero animado. Hace su entrada en escena desde la puerta que conecta los servicios con el resto del local; dejando que sus caderas bailen al son que marcan sus pasos y creyendo que la atención que despierta en Mike, es resultado únicamente de su sensualidad.

Acostumbrada a llamar la atención, no le sorprende que la mirada de Mike haya quedado absorta en su figura, olvidándose incluso de respirar. Lo que no sabe es que, por unos instantes, ese pobre infeliz ve en ella el mundo entero. La hace depositaria de todas sus esperanzas de felicidad, mientras anhela que cada paso la acerque más a él; deseando que ese taconeo no deje nunca de acompasar los erráticos latidos de su corazón… Mientras la bautiza con el único nombre que ocupa su mente: “Sarah”.

“¿Disculpa, me invitas a un cigarrillo?” Es la frase que despierta a Mike de su embrujo, provocando que la vea con renovados ojos; descubriéndola en su decepción mientras ella toma asiento en el taburete contiguo.

Conozco bien a Christine. Ya era una habitual antes de quedar atrapados en nuestra peculiar bola de cristal…

“Ponme lo de siempre, Joe.”

Sólo que en aquellos días, su sonrisa era una constante que hacía de este bar un lugar más cálido, y sus ojos rebosaban la suficiente alegría como para que el resto de clientes que aquí se refugiaban, desearan recuperar la fe en aquello que la vida les podía brindar…

“Pensándolo mejor, querido, hoy pónmelo doble.”

La actitud de camaradería con la que se desenvuelve es lo único que queda de aquella jovencita que compartía ufana, con quien quisiera escucharla, todos los pequeños progresos que la llevaron a convertirse en la cantante principal del club nocturno que se encontraba dos calles más abajo.

“¿Y a ti qué es lo que te trae por aquí, amigo?”

Muchos creían que su ruina sería la ambición, pero nada más lejos de la realidad, o mejor dicho, de la tercera mesa junto al escenario, donde cada noche se había sentado un hombre, sin más compañía que su sombrero sobre la mesa, una copa y una flor que terminaría la velada adornando uno de los jarrones de Christine. En ocho meses aquel hombre se adueñó de todos sus jarrones y de su corazón.

Admirador al principio, amante después; no pudo evitar romperle finalmente el corazón cuando una noche no tuvo más remedio que presentarse en el club, acompañado de su jefe y señora… y su respectiva esposa. Había un ascenso en juego y él había hablado demasiado bien de ese club nocturno en la oficina.

Supe que había ocurrido algo en cuanto apareció sola aquella noche. Hacía meses que no la veía sin su acompañante y, por supuesto, jamás había cruzado la puerta sin suafable sonrisa. He ido recomponiendo el rompecabezas a lo largo de estas interminables noches, descubriendo que ella le dio  un ultimátum, comprendiendo que le espera en esta misma barra de bar, aguardando a que él tome una decisión y venga a buscarla al lugar en el que le emplazó.

Ahora Christine es otra prisionera de estas paredes de cristal, en espera de algo que no llegará jamás. Su resignación no pretende más que ocultar el dolor que alberga en su interior, pero no hay nada que mis ojos no puedan ver… En mi mundo de sombras y silencios todo queda al descubierto; las verdades más acalladas son gritadas al viento mientras los miedos más profundos devoran inclementes, las almas de sus víctimas.

Pese a estar siempre pendientes de la campanilla que custodia la entrada, a ninguno de los dos le extraña que ésta permanezca en su usual mutismo mientras los clientes van apareciendo gradualmente en el bar. El más enigmático es, sin duda, Lester. Resulta casi un milagro que sepa su nombre, pues nunca interactúa con los demás clientes ni intercambia una palabra con nadie… Podría decirse que es el contrapunto perfecto para la muda campanilla de la entrada: ella nunca avisa y él siempre aparece.

Con un murmullo ininteligible me pide un whiskey antes incluso de sentarse en su acostumbrado taburete, alejado de los demás. Es como un baile que ensayamos cada noche y en el que ya conocemos los pasos de cada uno, pese a no demostrarlo nunca.

Vaso de brandy. Dos dedos de ámbar líquido fluyendo ante sus ojos. Y la intimidad en la que se resguarda cuando yo me retiro de nuevo entre las sombras. Algunos ojos curiosos observan a veces cómo permanece inmóvil frente a la barra, con la mirada fija en el vaso que permanece intacto, descansando todo el peso de su cuerpo en las manos que apoya sobre el mostrador de madera. Pese a ser un mero espectador, no es difícil percibir la lucha interna en la que se debate… No se trata de la simple duda de si sentarse o quedarse en pie; puedo apreciar en su expresión que su tribulación es algo mucho más profundo que lo que sus gestos e indecisión exteriorizan. El sufrimiento que escapa de su mirada, el lenguaje de las pequeñas arrugas que adornan su ceño, la forma inconsciente en que frunce los labios… Todo refleja la pesada carga que soporta su alma.

Él sabe cómo salir de ese trance, ese detonante que repite una y otra vez, y que para mí constituye el mayor de los misterios en este extraño lugar.

Abandonando su copa, Lester encamina sus pasos hacia la gramola mientras su mano izquierda juega con la moneda que ya lleva preparada para la ocasión. Siempre parsimonioso, se toma su tiempo frente a la máquina; diríase que disfruta de cada uno de los gestos responsables de que, de pronto, nos veamos inmersos en esa intoxicante voz que desgarra el alma y que sé positivamente que jamás ha estado almacenada en la gramola.

Ignoro cómo opera la magia, pero con el tiempo he dejado de preguntarme por tales cosas para entregarme al completo disfrute de la canción que, noche tras noche, acompaña nuestros silencios. No sólo he acabado aprendiéndome al dedillo la letra de “My Man”, sino que, con el tiempo, mi fascinación por la voz rota y cautivadora de Billie Holiday ha ido en aumento hasta llegar a rozar la devoción. Pero ninguna de las impresiones que pueda causarme a mí es comparable a la influencia que esa canción tiene sobre Lester; como un mantra que repite una y otra vez en su cabeza, invocando a los fantasmas que torturan su alma con oscuros pensamientos… con recuerdos, tal vez, que llenan sus noches de remordimientos y rabia contenida por lo que ya no puede deshacerse. Cada verso le acerca más al vaso de whiskey que le reta desde la barra, hasta aferrarse a él con ambas manos… a ese cuello de suave tacto que tantas veces besó… buscando la escapatoria de ese infierno personal en el que arde desde mucho antes de entrar en este bucle dimensional que compartimos todos.

Termina la canción y los murmullos de conversaciones van volviendo a adueñarse tímidamente del lugar, tratando de olvidar el dolor de una voz y el tormento de un desconocido. Pero en este lugar nada es lo que parece, y esa calma recién recuperada es tan sólo en apariencia. La ardua batalla de Lester se ve aplazada en el momento en que aparta bruscamente el vaso de whiskey y me mira con una plegaria inscrita en sus ojos, como si yo fuese una tabla salvavidas a la que poder sujetarse en medio de la tempestad. Reza su oración y su súplica es escuchada, al menos en la medida en que yo pueda paliar su sufrimiento con un café bien cargado y un buen pedazo de tarta de manzana. Eso le mantendrá entretenido y sumido en sus pensamientos hasta que nos sorprenda el amanecer y la ilusión se desvanezca; cuando los primeros rayos de sol se filtren por el enorme ventanal que nos separa del exterior, y nuestra realidad se confunda con el sueño.

La mañana llegará como siempre, y la claridad del amanecer borrará todo rastro de la existencia de esos miedos que cobran vida cada noche. Y el tiempo avanzará, dando vida y trayendo muerte mientras nosotros permanecemos eternos en nuestro pequeño mundo inalterado; desapareciendo con la luz del día y habitando la noche.

Sólo en los días de lluvia, cuando las gotas de agua rompen el espejismo en el que permanecemos confinados, puedo vislumbrar retazos de la otra realidad, la que mora más allá de los cristales de nuestro mundo, y a la que ya no pertenecemos.

Me cuesta comprender las esporádicas imágenes que me traen esos días lluviosos, llenas de altos edificios y personas que apenas levantan la vista al chocarse entre sí… Me hacen pensar que los que habitamos este lado del cristal, nos hemos convertido en unos apátridas del tiempo y el espacio; sin poder llegar siquiera a sospechar cuál es la magnitud de nuestro solipsismo.

Mientras ellos esperan a alguien imposible aquí dentro; yo conservo intacta la fe de que alguien, al otro lado, sigue esperando por mí; y es ahí donde radica la diferencia, lo que me hace distinto en este lugar… el motivo por el que, probablemente, yo soy el único habitante entre estas cuatros paredes que recuerda que, una vez, tuvimos una vida en una época que ya no nos pertenece.

————-

Nota: No tengo remedio. Ya cuando comencé a escribir el relato original de 750 palabras, vi que no tendría suficiente espacio para todos los hechos y detalles que pasaban por mi cabeza. Aún así, puse en marcha toda la capacidad de síntesis de la que soy capaz y logré escribir el relato que, finalmente, envié a Literautas. Una vez cumplido el reto mensual, decidí que la historia me gustaba demasiado como para dejar en el tintero todo ese mundo que se había ido formando en mi imaginación; así que lo que cuelgo aquí es la versión extendida de Tras Los Cristales y, para no repetirme, en cuanto me envíen el link a la versión corta, lo copiaré para quien le hubiera gustado la experiencia de jugar a las siete diferencias en talleres anteriores.

* Ya se han publicado las historias que participaron el el taller de abril! El primer link lleva al listado de relatos, por si queréis echar un vistazo y seguir leyendo (el mío es el nº 52); y el segundo link es el que lleva directamente a la versión de 750 palabras de Tras Los Cristales. Que lo disfrutéis!

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-8/

http://www.literautas.com/es/taller/textos-escena-8/500

Ana Karenina

 

Este pequeAna Karenina Albaño rincón aprovecha hoy las circunstancias para acompañarse de una de las mujeres más fascinantes de la literatura universal y, por qué no admitirlo, uno de mis grandes amores desde que la conocí a los veinte años.
Una vez más, Ana Karenina (Anna Karénina si somos rigurosos en su traducción del ruso) cobrará vida en la gran pantalla; y eso me brinda a mí la oportunidad de traerla a mi rincón del escritor sin tener la sensación de estar convirtiéndolo en el “Rincón ruso para el lector”.

Para los que no la conozcan, Ana Karenina es obra de Lev N. Tolstói. Editada por primera vez en 1877 y considerada una de las obras cumbres del realismo. En ella se narra la desenfrenada historia de amor entre Ana Karenina, mujer casada de la aristocracia rusa, con el joven Conde Vronsnki, oficial del ejército ruso.

Hasta ahí podría parecernos una sencilla historia de amor, como tantas otras en la historia de la literatura. Pero Ana Karenina va más allá del sentimiento romántico entre un hombre y una mujer; planteando en las circunstancias de su personaje principal temas tan complejos como lo son la ética o la moralidad; la individualidad del ser frente a la inevitable necesidad de interactuación social; el amor pasional, conyugal y el maternal; llegando a rozar el límite que separa la cordura de la locura.

No es mi intención hacer un análisis exhaustivo de esta novela ni de su autor; pero hablar de Ana Karenina es desbordar pasión; es dejarse llevar por la heroína que creó Tolstoi en una demostración de un extenso conocimiento psicológico del género femenino; llevándome a defender firmemente que toda mujer, sin excepción, lleva en su interior una Ana Karenina. Pero si Ana es la exteriorización de las pasiones, el personaje de Levin crea el contrapunto perfecto de introspección frente a esa exuberancia.

Pieza fundamental de la obra; Levin es la encarnación de esa alma rusa, mencionada ya en otras ocasiones. El personaje que nos invita a la reflexión y nos lleva a descubrir los ideales del propio Tolstoi, pues no son pocos los paralelismos que pueden encontrarse entre él y la vida misma del autor; hasta tal punto que en ocasiones, no podemos evitar preguntarnos quién es el verdadero protagonista de esta obra.

Podría extenderme hasta la saciedad analizando cada detalle de la novela de Tolstoi, o tratando de hacer una exhaustiva disertación sobre cada significado e intención del autor; pero ya sabéis que El Rincón del Lector no es más que un pequeño espacio subjetivo en el que compartir con quien quiera, aquellos libros que han dejado una especial huella en mi alma. Es por eso que esta vez quiero recomendar a todos aquellos que hayan leído Ana Karenina o que se animen a hacerlo, que visiten:

http://xavisuescun.blogspot.com.es/2010/07/116-tolstoi-anna-karenina-diario-de-una.html

En internet hay infinidad de sinopsis y reseñas acerca de la obra, pero pocas tan acertadas, completas y conmovedoras como la que he descubierto en este blog.

Como ya es costumbre, terminaré con la sinopsis de la contraportada de la edición que tengo entre manos. Ya que mi entrañable y ajada edición no revela nada en el dorso; he escogido la edición de Alba, siempre una buena elección en cuanto a literatura rusa se refiere.

«La sola mención del nombre de Anna Karénina sugiere inmediatamente dos grandes temas de la novela decimonónica: pasión y adulterio. Pero, si bien es cierto que la novela, como decía Nabokov, “es una de las más grandes historias de amor de la literatura universal”, baste recordar su celebérrimo comienzo para comprender que va mucho más allá: “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo”.
Anna Karenina, que Tolstói empezó a escribir en 1873 (pensando titularla Dos familias) y no vería publicada en forma de libro hasta 1878, es una exhaustiva disquisición sobre la institución familiar y, quizá ante todo, como dice Víctor Gallego (autor de esta nueva traducción), “una fábula sobre la búsqueda de la felicidad”. La idea de que la felicidad no consiste en la satisfacción de los deseos preside la detallada descripción de una galería espléndida de personajes que conocen la incertidumbre y la decepción, el vértigo y el tedio, los mayores placeres y las más tristes miserias. “¡Qué artista y qué psicólogo!”, exclamó Flaubert al leerla. “No vacilo en afirmar que es la mayor novela social de todos los tiempos”, dijo Thomas Mann. Dostoievski, contemporáneo de Tolstói, la calificó de “obra de arte perfecta”.»

DATOS TÉCNICOS:
TÍTULO: Anna Karenina
AUTOR: Lev N. Tolstói
EDITORIAL: Editorial Alba
AÑO: 2010

Escena nº 7 (Marzo): La historia ha de tener lugar en un barco, del tipo que sea. Puede tratarse de un barco pirata, de pesca, de guerra, de pasajeros, de vela, un bote salvavidas… Lo que queráis. Basta con que esté en el agua, flote y tenga algún pasajero y/o tripulante (o no… que también se han dado casos de barcos fantasma).

Además, existe otro requisito, y es que tiene en la historia tiene que suceder (o haber sucedido) un robo. ¿Qué es lo que han robado y quién? ¿Por qué? ¿Los personajes saben que el robo ha tenido lugar o lo desconocen? Eso ya se lo dejo a vuestra imaginación.         http://www.literautas.com

EN BUSCA DE UNA SIRENA

Posó delicadamente su recién estrenado barquito sobre las calmas y cristalinas aguas que se abrían frente a él. A lo lejos podía contemplar la sinuosa espalda de una bella sirena de cabellos dorados y piel canela; y no necesitó recurrir a la imaginación para saber que unos ojos verdes cual esmeralda recibirían con sorpresa la llegada de tan extravagante viajero.

Esa sirena que se divertía a lo lejos, jugando despreocupadamente con el agua y ajena a todo lo que ocurría a su alrededor, era el objeto y destino del humilde barquito. La culpable de que un valiente viajero hubiera fijado su rumbo con la firme intención de recuperar lo que, en esencia le pertenecía. Porque por muy sirena que fuera ante sus ojos, no tenía derecho a robarle el corazón sin entregarle nada a cambio.

Era paradójico el sosiego que sentía ahora mientras contemplaba el casco reposando tranquilamente sobre el agua, si lo comparaba con el estado de ansiedad y nerviosismo que había experimentado durante las últimas semanas… ¡Pensar que había dedicado horas y horas a buscar la perfección estudiada, milímetro a milímetro, sin que ningún elaborado plan hubiera acudido a su mente! Pero hacía dos noches que por fin había logrado, sin proponérselo, que la calma regresase a su vida; fue cuando decidió relajarse saliendo a pasar un rato al porche de casa, sentándose en compañía de un puñado de frutos secos y la voz cantarina de su sirena de largas piernas, que le hablaba desde algún rincón del interior de la casa.

Fue en el instante en que ella exclamó de forma risueña “parece que pronto quedará inaugurada la temporada de baños”, mientras él desmenuzaba parsimoniosamente la cáscara de un cacahuete, con la mente en blanco e intentando vislumbrar alguna estrella entre las nubes grises, que la escena que tanto había estado buscando, cobró vida ante sus ojos de manera inesperada.

Sencillamente lo supo. Visualizó cada segundo y cada detalle de cuándo y cómo lo iba a hacer; y sintió que todos sus temores se esfumaban como volutas de humo difuminándose en el viento.

Contempló con infinita ternura aquel barquito de cáscara de nuez que transportaba ahoraBarquito de nuez todas sus esperanzas; al igual que aquellos mismos barquichuelos repletos de ilusión y aventuras que su abuelo le había enseñado a fabricar de pequeño, y que lanzaban a navegar por el tempestuoso mar del lavamanos cuando su abuela lo llenaba de agua teñida con azulete para devolverles la blancura a unos pañuelos.

Rasgó la quietud del agua con un ligero impulso de su dedo índice, y observó cómo su delicada creación se alejaba, tomando el mando de su propio rumbo mientras las velas, hechas con los pedazos de una servilleta de papel, se henchían como por arte de magia con la brisa.

Es cierto que tan sólo eran unos pocos metros dentro de una tranquila piscina de fondo azul; pero a él se le antojaba que su empresa era tan digna como la de los clásicos héroes antiguos, en la que su importante embarcación podía zozobrar e incluso naufragar. Sus esperanzas e ilusiones iban una vez más a bordo de ese barco, camino de la que le había robado el corazón, sólo que en lugar de ir a buscarlo, iba a entregarle lo único que aún le pertenecía: su voluntad. Porque en ella moraba ahora ese corazón que ya no le pertenecía a él; y así es que ella se había convertido en su faro, en su Ítaca personal… el hogar al que siempre regresar.

La travesía se le hizo eterna, observando desde su extremo de la piscina cómo el cascarón de nuez avanzaba lentamente pero de forma segura; admirándose del poder de abstracción de su sirena particular, que seguía ajena a lo que acontecía en torno a ella, como si fuese la única superviviente tras un holocausto.

Finalmente el barquito logró su empresa y atracó en el puerto de sus manos, y la sirena despertó de su ensueño para descubrir a su enamorado esperándola en la orilla opuesta. Examinó extrañada el cargamento y una radiante sonrisa apareció en su rostro como una explosión de primavera al descubrir un pequeño anillo que lo expresaba todo sin decir nada.

M. H. Heels

Persiguiendo maldiciones

Taller de escritura

Donde los sueños toman forma

A %d blogueros les gusta esto: